Cerrar los ojos para ver.

71Te gusta viajar solo ( bueno, siempre y cuando conozcas bien la ruta…). Esta geografía de los parajes altoandinos se hace peligrosa y, a la vez, cautivadora. A diferencia de cuando conduces por la ciudad o en la carretera, las penurias del terreno te obligan a tener la vista no en el horizonte, sino siempre fija en cada pequeño espacio que va a ser pisado por tus llantas.

4El camino tortuoso no perdona. Los baches y charcos tampoco. Te han dicho que para llegar al poblado de San Cristóbal, debes primero hacer el trayecto de poco más de una hora hasta Pampa Galeras, donde sé que aún hoy se te hará imposible no detenerte siquiera un momento para contemplar y dejarte acariciar por este mundo reservado para tu alma inquieta.
Para tu búsqueda de Dios en aquel silencio sensible de la perfecta belleza, obra de tu Dios Creador que te convoca a sentirte hijo, e hijo muy amado.

T3odas esas vicuñas, aquellas águilas e incluso el zorro huidizo que te observa a tu derecha –según él escondido detrás del arbusto– te invitan a no avanzar más. A detenerte un poco.
A frenar el ritmo febril de tu corazón, y a que cierres los ojos siquiera un instante para poder ver mejor. Para poder comprender mejor.

2Cuando te ordenaste sacerdote hace pocos años, no llegabas a vislumbrar nada de nada. Sólo anhelabas correr muy lejos y consolar, consolar y volver a consolar a Su pueblo (Is 42, 1). Yo sé que cuando cierras los ojos, aún te sigues descubriendo frente a todas esas inquietudes y sueños inconclusos, y a la vez a punto de estrenar de veras el corazón.

5¡Bueno, basta ya! Abre nuevamente los ojos, despiértate bien y prepara tu corazón, pues a una hora más de camino te espera aquel pueblo… ¡Espera un poco! Detente nuevamente y echa un vistazo hacia atrás, hacia el camino por el cual has venido, pues se está empezando a dibujar una tormenta inmensa en aquel horizonte profundo, y parece que te esperará muy gustosa a tu regreso. Ni modo… Sigamos el camino hacia San Cristóbal. Estamos ya con la hora. Vamos a celebrar la Eucaristía con Su pueblo.

Un sacerdote tierra adentro

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