Un lunes santo correspondiente a la cuaresma del año 1984, un grupo de hermanos de la Comunidad de Jesús, llevados por el entusiasmo, por la fe y principalmente por el amor a Jesús crucificado, decidió sacar en una improvisada procesión, un Cristo de madera de tamaño casi natural de color entero crema que guardaban celosamente las religiosas de Los sagrados Corazones del antiguo Colegio Belén en San Isidro. La idea era trasladarlo a la capilla del Puericultorio Pérez Aranibar, ubicado en la avenida del Ejército en donde tendríamos las celebraciones del Triduo pascual. Cabe indicar que no era mucho el tramo que debíamos recorrer. Pero el sol de febrero era más que el peso de nuestro Señor. No éramos muchos, pero éramos y dentro de una treintena de adultos todos varones, el Benjamín del grupo era quien les narra la historia. El recorrido comenzó con una previa oración e inmediatamente avanzamos rumbo a la avenida Pezet, hacia la izquierda de la puerta principal del Colegio. No está demás decir, que nos llegaba el aliento divino a través de la fe de las personas que observando el cuadro móvil , se persignaban o nos sonreían. Tampoco tuvimos reparo en entonar consabidas melodías como: Seguirte o solo a Ti o Salve, salve cantaban María. Rezábamos el rosario mientras marchábamos acercándonos hacia el cruce con la avenida Salaverry. Ahí y cuidando de no cometer ninguna falta peatonal, nos percatamos de que teníamos enfrente al edificio rosado de la embajada Rusa. No dudamos en entonar con mayor animo nuestros himnos e incluso dedicamos algunos minutos para tomar aire y hacer una pausa lo que motivo que nuestro Cristo quedara en una suerte de contemplación de una muralla que ocho años después terminaría desmoronándose. Terminado el receso, retomamos la marcha, rumbo a la avenida del Ejército. A pocas cuadras del cruce con la avenida Brasil estaba esperándonos la capilla del Puericultorio, testigo de las maravillas que solo Dios sabe hacer.