Creo que el Papa nos ha dado un auténtico testimonio de valentía y humildad. Para quien ha sido y lo es hasta ahora fiel guardián de la sana doctrina, debe haber significado, un paso sumamente difícil de dar. Más allá de su genio alemán práctico y sobrio, las consideraciones para tomar tan delicada decisión, sin duda alguna han tenido que pasar por el tamiz de un alma, abandonada absolutamente en Dios.

La fe y la santidad de Benedicto XVI sostienen la autenticidad y pureza de su elección. Como conductor de la Barca de Pedro, a decidido lo mejor para ella, pensando en ella y dejando para sí, el ocultamiento, propio del apóstol, del siervo fiel que se consume hasta desaparecer.

Esta etapa insólita, que Dios le permite vivir a su Iglesia, su esposa, no hace sino, edificarla, engrandecerla y alimentarla. El corazón y la mente de Joseph Ratzinger a quien seguiremos llamando Benedicto XVI y también Papa, constituyen un faro vivo y grandemente iluminador, privilegio que el próximo conclave y futuro Pontífice han de gozar para la mayor gloria de Dios.

La fidelidad de una mente brillante consagrada de por vida, por amor a Dios, nos habla de las múltiples vicisitudes y pruebas de heroicidad, que seguramente, el Papa Benedicto XVI tuvo que enfrentar y no nos cabe la menor duda, de que salió vencedor de todas ellas.

Creo que Benedicto XVI es el Papa que conociendo y amando profundamente a Jesús ha querido descubrirlo, mostrarlo y comunicarlo a todos los hombres.

Solo queremos, con estas breves líneas decirle al Santo Padre gracias por llevarnos hacia la verdad, hacia lo realmente bueno y hacia la auténtica belleza. Gracias por llevarnos a Cristo.

Jesús te ama