reyesReyes que llevan en su corazón el corazón de todos los pueblos de la tierra se despojan de su realeza y se postran ante el niño, frágil y desnudo. Unos sabios que se desentienden de todo lo aprendido y se hacen ignorantes y crédulos, ante la inocente luz que ilumina el alma y el corazón. Pero este maravilloso misterio, solo es posible, si es que en efecto, con ingenuidad infantil, nos dejamos guiar por la estrella, que no es otra cosa que un reflejo de la única fuente de luz. Ella brilla de noche y de día.

La estrella nunca deja de brillar. Durante el día, otras luces la pueden opacar, luces mas atractivas y aparentemente más convenientes.

Sin embargo en la noche oscura es donde la luz  de la estrella refulge más y nos llama. En la humildad se descubre a Jesús. En nuestra debilidad se descubre la fortaleza de Dios. Quien encuentra al niño no queda defraudado, no queda desamparado ni solo, queda iluminado.

En su manifestación como Dios, el recién nacido nos dice quienes  somos, que debemos esperar y de quien fiarnos. Por eso a los santos Reyes les fue imposible retornar por el mismo camino. Al ser heridos por la mirada del Emmanuel su vida ya era otra, cualquier camino que eligieran, sería distinto. Dejémonos herir por la luz de la estrella, por la luz de Jesús.