Pensamiento Benedicto

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Archive for agosto, 2010

La fe cristiana confiesa a Dios, la inteligencia creadora, como persona y, por tanto, como conocimiento, palabra y amor. Confesar a Dios como persona implica necesariamente confesarlo como relaciòn, como comunicabilidad, como fecundidad.Lo que es exclusivamente ùnico, lo que no tiene ni puede tener relaciones, no puede ser persona. No existe la persona en la absoluta singularidad. Lo vemos en las palabras que han servido para desarrollar el concepto de persona: la palabra griega prosopon significa literalmente “respecto”; la partìcula pros significa “a”, “hacia” e incluye la relaciòn como elemento constitutivo de la persona. Con la palabra latina persona sucede lo mismo;significa “resonar a travès de”; la partìcula per significa “a”,”hacia” e indica relaciòn, pero ahora como comunicabilidad.

Podemos decir, pues, que si bien lo Absoluto es persona, no es absolutamente singular. Por consiguiente, el concepto de persona trasciende por fuerza lo singular. Afirmar que Dios es persona a modo de una triple personalidad equivale a destruir el concepto simplista y antropomòrfico de persona. Nos dice implìcitamente que la personalidad de Dios supera infinitamente el ser-persona del hombre. Por eso el concepto de persona ilumina, pero al mismo tiempo encubre, como sìmil insuficiente, la personalidad de Dios.”

De: Creo en el Dios Uno y Trino en: Introducciòn al cristianismo, Joseph Ratzinger, pag.153. Ed. Sìgueme

Dios en el mundo, signo de lo humilde

“La Biblia tambièn nos habla del doble modo en que Dios aparece en el mundo. Dios se revela ante todo en el poder còsmico. La grandeza del mundo apunta a Dios, en cuya presencia los pueblos son como “gotas de agua en un cubo, como granos de arena en la balanza” (Is 40,15). El mundo es su idea, el universo habla de su creador. Por mucho que nos resistamos a las pruebas de Dios, por muchas objeciones que les ponga razonadamente la filosofìa, en el mundo y en su estructura espiritualsiempre respalndece la idea creadora original y su poder fundador.

Pero todo esto es sòlo una forma de aparecer Dios en el mundo. El otro signo que lo acredita y que, al encubrirlo, manifiesta realmente su peculiaridad es el signo de lo humilde, que desde una perspectiva còsmico-cuantitativa, es totalmente insignificante, pura nada. Aquì tenemos que enumerar la tierra, Israel,Nazaret, la cruz y la Iglesia, factores en los que parece que Dios se oculta en lo màs pequeño,pero donde se manifiesta cada vez màs como realmente es. La tierra que es nada en el cosmos, es el lugar de la acciòn de Dios en ese mismo cosmos;Israel, que no es nada frente a las potencias de la tierra, es el sitio donde Dios viene al mundo; Nazaret, nada dentro del mismo Israel, es el lugar de su venida definitiva; la cruz de donde pende la existencia de un fracasado, es el punto donde el hombre puede palpar a Dios.Y, finalmente, la Iglesia, una imagen problemàtica de nuestra historia, que se reclama lugar perpetuo de la revelaciòn de Dios. Hoy vemos còmo la Iglesia casi no elimina nada de lo que oculta la cercanìa de Dios. Cuando en la pompa de la corte renacentista, la Iglesia tratò de suprimir el ocultamiento y de convertirse en “puerta del cielo” y “casa de Dios”, se transformò una vez màs en un eclipse de Dios que difìcilmente se podìa esperar de ella. Lo màs pequeño del cosmos y del mundo es el signo autèntico de Dios en el que se revela como totalmente otro, el signo que no poedemos reconocer a pesar de nuestras expectativas. La nada còsmica es el verdadero todo, porque el “para” es lo propiamente divino…”

La ley de lo incògnito de Introducciòn al cristianismo, Joseph Ratzinger,pag.214-215.Ed. Sìgueme.

Quien intente hoy dìa hablar de la fe cristiana a gente que ni por vocaciòn ni por convicciòn conoce desde dentro la temàtica eclesial,advertirà pronto lo extraña y sorprendente que le resulta tal empresa.Es probable que en seguida tenga la sensaciòn de que su situaciòn està bastante bien reflejada en el conocido relato parabòlico de Kierkegaard sobre el payaso y la aldea en llamas, que Harvey Cox resume brevemente en su libro La ciudad secular. En el se cuenta que en Dinamarca un circo fue presa de las llamas.Entonces, el director del circo mandò a un payaso, que ya estaba listo para actuar, a la aldea vecina para pedir auxilio, ya que habìa peligro de que las llamas llegasen hasta la aldea, arrasando a su paso los campos secos y toda la cosecha. El payaso corriò a la aldea y pidiò a los vecinos que fueran lo màs ràpido posible hacia el circo que se estaba quemando para ayudar a apagar el fuego. Pero los vecinos creyeron que se tartaba de un magnìfico truco para que asistiesen lo màs posibles a la funciòn; apaludìan y hasta lloraban de risa. Pero al payaso le daban màs ganas de llorar que de reir; en vano trato de persuadirlos y de explicarles que no se trataba de un truco ni de una broma, que la cosa iba muy en serio y que el circo se estaba quemando de verdad.Cuanto màs suplicaba,`màs se reìa la gente, pues los aldeanos creìan que estaba haciendo su papel de maravilla, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea. Y claro, la ayuda llegò demasiado tarde y tanto el circo como la aldea fueron pasto de las llamas. Con este relato ilustra Cox la situaciòn de los teòlogos modernos.En el payaso, que no es capaz de lograr que los aldeanos escuchen su mensaje, ve Cox una imagen del teòlogo, a quein nadie toma en serio si va por ahì vestido con los atuendos de un payaso medieval o de cualquier otra època p’asada. Ya puede decir lo que quiera, pues llevarà siempre consigo la etiqueta del papel que desempeña..y por buenas maneras que muestre y por muy serio que se ponga, todo el mundo sabe ya de antemano lo que es:ni màs ni menos que un payaso. Se sabe ya de sobra lo que dice y se sabe tambièn que sus ideas no tienen nada que ver con la realidad. Se le puede escuchar,pues, con toda tranquilidad, sin miedo a que lo que dice te cause la màs mìnima preocupaciòn. Esta claro que esta imagen es en cierto modo un reflejo de la agobiente situaciòn en que se encuentra el pensamiento teològico actual, que no es otro que la abrumadora imposibilidad de romper con los clichès habituales del pensamiento y del lenguaje, y la de hacer ver que la teologìa es algo sumamente serio en la vida humana.

Pero quizàs debamos sondear las conciencias de modo màs radical. Quizàs el irritante cuadro que hemos pintado, aun conteniendo gran parte de verdad y aspectos que han de tenerse muy en cuenta, simplifique la situaciòn. Por que puede dar la impresiòn de que el payaso, es decir, el teòlogo que todo lo sabe, llega a nosotros con un mensaje absolutamente claro. Los aldeanos, a los que con tanta prisa se dirige, esto es, los hombres que viven al margen de la fe, serìan por el contrario gente que no sabe nada, gente a la que hay que enseñar lo que desconocen. Lo ùnico que tendrìa que hacer ahora el payaso es cambiar de vestimenta y quitarse toda la pintura para que todo se arreglase. Pero ¿es que es todo tan sencillo? ¿Es que basta con que nos agarremos al agiornamento, a que nos quitemos el maquillaje y asumamos el aspecto civil de un lenguaje secular o de un cristianismo sin religiòn  para que todo se arrgle? ¿Es que basta con cambiar los vestidos eclesiàsticos para que los hombres acudan alegres a ayudarnos a apagar el fuego que, como dice el teòlogo, existe y es un peligro para nosotros?

Me atreverìa incluso a decir que en realidad la teologìa, por moderna que se vista y por muchos coloretes que se quite, como sistemàticamante se hace hoy en muchas partes, suscita sòlo una esperanza que no deja de ser ingenua. Es cierto que el que quiera predicar la fe a gente que piensa y vive como los hombres de hoy puede presentarse ante ellos vestido de payaso o incluso como alguien que sale de un sarcòfago y pretende vivir en nuestro mundo de hoy con los vestidos y los modos de pensar de la antiguedad. Pero ni èl entenderà absolutamente nada del mundo, ni el mundo le entenderà absolutamente nada a èl. El que quiere predicar la fe y al mismo tiempo es suficientemente autocrìtico, pronto se darà cuenta de que no es una forma o una crisis de vestidos la que amenaza a la teologìa. Al resultar el quehacer teològico algo tan insòlito para los hombres de nuestro tiempo, quien tome la cosa en serio se darà cuenta no sòlo de lo difìcil que es traducir, sino tambièn de lo vulnerable que es su propia fe que, al querer creer, experimentarà y reconocerà en sì misma el inquietante poder de la incredulidad.Por eso, quien hoy dìa quiera honradamente dar razòn de la fe cristiana ante sì mismo y ante los demàs, debe antes darse cuenta de que no es èl el ùnico que anda vestido y que sòlo necesita mudarse para poder despuès amaestrar con èxito a todos los demàs. Al contrario, debe hacerse a la idea de que su situaciòn no es tan distinta de la de los demàs como le pudo parecer al principio. Debe darse cuenta de que en ambos grupos operan fuerzas semejantes, aunque de distinto modo.

La fe en el mundo de hoy de Introducciòn al cristianismo, Joseph Ratzinger,pag.39-41.Ed.Sìgueme

 

Lo que hemos dicho de la fe como lucha contra la adoraciòn del poder, podrìa decirse tambièn de la lucha por una imagen autèntica del amor amor humano frente a la falsa adoraciòn del sexo y del eros, que ha generado y suigue generando una esclavitud de la humanidad no menor que la que origina el abuso del poder. Cuando los profetas describen la apostasìa de Israel con la palabra “adulterio”,utilizan algo màs que una “imagen” . De hecho los cultos extranjeros iban casi siempre unidos a la prostituciòn cùltica y por eso las formas que aparecìan en Israel se prestaban a una descripciòn de ese tipo. Pero los profetas daban tambièn una orientaciòn interior. La unidad definitiva e indivisibilidad del amor entre el hombre y la mujer sòlo pueden comprenderse y realizarse, en definitiva,si se cree en la unidad, definitividad e indivisibilidad del amor de Dios. Cada dìa nos percatamos màs de que no estamos ante una afirmaciòn consistente en sì misma, producto de una reflexiòn filosòfica, sino que se sitùa en el contexto de la fe en el Dios ùnico y se integra perfectamente en èl. Cada dìa somos màs conscientes de que supravalorar el instinto, en aras de una aparente liberaciòn del amor, equivale a entregar al hombre a los poderes autònomos del sexo y del eros, a la despiadada esclavitud de la que querìa librarse. Cuando el hombre huye de Dios, le persiguen los dioses hasta alcanzarle; su liberaciòn sòlo se produce cuando deja liberarse y cuando deja de asentarse sobre sì mismo.” 

El tema de Dios de Introducciòn al cristianismo, Joseph Ratzinger,pag.97.Ed.Sìgueme

A Dios nadie lo ha visto jamàs; es el Hijo ùnico, que es Dios y està al lado del Padre, quien lo ha explicado”, dice en el Evangelio segùn Juan (1,18). En efecto, a Dios nadie lo ha visto. Las visiones de los grandes iluminados  de la historia de las religiones permanecen siempre como visiones lejanas,”en sombras e imàgenes”. Solamente Dios se conoce totalmente a sì mismo, solamente Dios ve a Dios. Y es por eso que sòlo el que es Dios podìa realmente contar de èl y reunir en una totalidad las visiones contradictorias, aun cuando efectivamente lo dicho en palabras humanas siempre puede reproducir solamente desde lejos el resplandor de la luz de la verdad del mismo Dios que es inconcebible para nosotros y que nos deslumbra.

Pero es esencial que la diferencia entre lo que dice el Hijo (quien reposa en el corazòn del Padre) y las visiones lejanas de los iluminados siga siendo abismal, puesto que solamente ÈL es Dios, todos los demàs palpan a Dios de lejos. Sòlo èl puede decir “yo soy el Camino,la Verdad y la Vida”, todos los demàs pueden mostrar partes del camino, pero ellos no son el camino.Podemos afirmar que ùnicamente en Jesucristo se ensamblan Dios y el hombre, el infinito y lo finito, el creador y la creatura. El hombre ha encontrado lugar en Dios..El trànsito de la distancia infinita entre el Creador y la creatura sòlo puede ser efectuado por èl mismo. Solamente aquel que es Dios y hombre es el puente del ser desde uno hacia el otro, y por eso èl lo es para todos, no sòlo para èl mismo. Asì como la verdad es sòlo una para todos, asì tambièn sòlo Dios mismo,el Ùnico, en la humanidad del Hijo puede ser el puente desde sì mismo hacia sì mismo y desde sì mismo hacia el hombre y nuevamente hacia Dios.

Cristo el redentor de los hombres, de Caminos de Jesucristo, Joseph Ratzinger,pag.66-67.Ed.Cristiandad

La doctrina trinitaria no ha nacido de una especulación sobre Dios ni de una investigación filosófica sobre el origen de todo ser, sino que es el resultado de una laboriosa elaboración de determinadas experiencias históricas. La fe veterotestamentaria presentaba a Dios como padre de Israel y de los pueblos, como creador y señor del mundo. El Nuevo Testamento narra un acontecimiento inaudito en el que Dios se revela de un modo que permaneció oculto durante mucho tiempo: en Jesucristo nos topamos con un hombre que es y se llama Hijo de Dios. Encontramos a Dios  en la figura de su enviado, que no es un ser intermedio entre Dios y el hombre, sino que es realmente Dios y, sin embargo, llama a Dios como nosotros, “Padre”. He aquí una peculiar paradoja: llama  padre a Dios y , sin embargo, le habla como a un tú que está enfrente a él; si no es puro teatro, sino verdad, como corresponde a Dios, tiene que ser distinto de ese padre al que él  habla y al que nosotros hablamos. Por otro lado, él es realmente el Dios cercano que se aproxima a nosotros; es nuestro mediador ante Dios por ser también Dios como hombre, en la figura y en el ser de hombre: es Dios con nosotros (“Emmanuel”). Si fuera distinto de Dios,si fuese un ser intermedio, desaparecería inmediatamente su mediación, que se convertiría en separación. Entonces no sólo no nos llevaría a Dios, sino que nos separaría de él. Por eso hay que concluir que él es al mismo tiempo Dios mediador y “hombre”, y ello real y totalmente.

Esto significa que Dios se me acerca en él no como Padre, sino como Hijo y como hermano. Así pues, se nos muestra como una dualidad en Dios, Dios como yo y como tú a la vez,una dualidad al mismo tiempo incomprensible y extraordinariamente comprensible. A esta nueva experiencia de Dios le sigue finalmente la experiencia del espíritu, la de la presencia de Dios en nosotros , en nuestro ser íntimo. Y también llegamos a la conclusión de que este “espíritu” no se identifica ni con el Padre ni con el Hijo, pero tampoco es un tercero entre Dios y nosotros , sino el modo en que Dios se nos da, en el que penetra en nosotros, de tal manera que está en el hombre y en su ser íntimo , pero también infinitamente por encima de él.”

Creo en Dios uno y trino, de Introducción al cristianismo, Joseph Ratzinger, pag.139-140.Ed.Sígueme

El Señor resucitado reùne a los suyos “en el monte” (Mt 28,16) y allì dice en verdad: “se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra” (Mt 28, 18). Hay aquì dos cosas nuevas y diferentes: el Señor tiene poder en el cielo y en la tierra, y sòlo quien tiene todo este poder tiene el verdadero poder que salva. Sin el cielo, el poder terrenal permanece siempre ambiguo y fràgil. Sòlo el poder que se pone bajo el criterio y el juicio del cielo, es decir, de Dios, puede convertir el poder en algo bueno. Y sòlo el poder  que està bajo la bendiciòn de Dios puede ser digno de confianza. A esto se agrega lo otro: Jesùs tiene este poder en cuanto es el Resucitado. Quiere decir que este poder  supone la cruz, supone su muerte. Supone el otro monte, el Gòlgota, donde èl, escarnecido por los hombres y abandonado por los suyos, està colgado en la cruz y muere. El reino de Cristo es diferente a los reinos de la tierra y al resplandor que Satanàs exhibe. Este resplandor, como dice la palabra griega doxa , es apariencia que se diluye. El reino de Cristo no tiene ese resplandor, ya que por la humildad de la predicaciòn crece en aquèllos que aceptan ser sus discìpulos, que son bautizados en el nombre de Dios trino y cumplen sus mandamientos (cf.Mt 28,19 ss)…”

“…La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para lograr que el reino de Jesùs no se identifique con ninguna forma polìtica, debe librarse a lo largo de todos los siglos ,pues el precio que se paga por mezclar la fe  con el poder polìtico consiste en definitiva en que siempre la fe entra al servicio del poder y tiene que someterse a sus criterios.”

La Tercera tentaciòn: Cristo y el anticristo, de Caminos hacia Jesucristo,  Joseph Ratzinger, pag.92-93. Ed. Cristiandad

 

El pastor

La imagen del pastor, con la cual Jesùs explica su misiòn tanto en los sinòpticos como en el Evangelio de Juan, cuenta con una larga historia precedente. En el antiguo Oriente, tanto en las inscripciones de los reyes sumerios como en el àmbito asirio y babilònico, el rey se considera como el pastor establecido por Dios; el “apacentar” es una imagen de su tarea de gobierno. La preocupaciòn por los dèbiles es, a partir de esta imagen, uno de los cometidos del soberano justo . Asì, se podrìa decir que, desde sus origenes, la imagen de Cristo buen pastor es un evangelio de Cristo rey, que deja translucir la realeza de Cristo.

Los precedentes inmediatos de la exposiciòn en figuras de Jesùs se encuentran naturalmente en el Antiguo Testamento, en el que Dios mismo aparece como el pastor de Israel. Esta imagen ha marcado profundamente la piedad de Israel y, sobre todo en los tiempos de calamidad, se ha convertido en un mensaje de consuelo y confianza.

El pastor, de Jesùs de Nazaret, Joseph Ratzinger,pag.320-321.Ed.Planeta  

Jesús es el Señor, la fe de la Iglesia

“Dominus Iesus (Jesús es el Señor). Esta palabra está allí para él como expresión de una verdad que nosotros no inventamos sino que solamente encontramos, una verdad que sólo podemos recibir al sernos otorgada por aquel que es él mismo la luz y el principio interior de toda visión y conocimiento”…”Así como Pablo considera su fórmula confesional como don del Espíritu Santo y no como expresión de una interpretación humana,así también dice Jesús en el texto paralelo de Mateo sobre la profesión de fe petrina:”eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso,sino mi Padre del cielo”(Mt 16,17).En ambos casos se pone de relieve el carácter revelado de la profesión de fe, en la que se constituye un conocimiento que es más que una experiencia humana y su interpretación, es específicamente un nuevo conocimiento inaccesible al hombre por sí mismo, el cual, como comprensión otorgada desde lo alto, es justamente “revelación”.

La Profesión de fe de la Iglesia que defiene a Jesús como el Señor, en: Caminos de Jesucristo, Joseph Ratzinger,pag.55-56.Ed.Cristiandad

Significado y límites de un Catecismo

El Catecismo no es un libro de teología, sino un libro de fe,es decir, un texto para la enseñanza de la fe. Con frecuencia, esta diferencia fundamental no está suficientemente presente en la copnciencia teológica actual.La teología no inventa lo que se puede creer  o no, a través de la senda de una reflexión intelectual, ya que en este caso la fe cristiana sería enteramente un producto de nuestro propio pensamiento y no se diferenciaría de la filosofía de la religión.Correctamente entendida, la teologia es má bien el esfuerzo de comprender un don que precede al conocimiento. En este contexto, el Catecismo cita la conocida frase de san Agustín, en lña cual se sintetiza en forma clásica la esencia del esfuerzo teológico: “creo para comprender, comprendo para creer mejor”( 158; Sermo 43,7,9)

Signficado y límites de un Catecismo de Caminos Hacia Jesucristo, Joseph Ratzinger, pag.140-141.Ed.Cristiandad