Pensamiento Benedicto

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Archive for octubre, 2010

El poder de Dios en nosotros (1)

“El poder entendido en la lìnea de la potestad de Jesucristo nace de una relaciòn, se trasmite a travès de la obediencia y se resuelve en responsabilidad. Sentado esto, el sacerdote – y de modo anàlogo el cristiano en general –  ha de ser una persona que viva esencialmente desde una relaciòn y en una relaciòn: la relaciòn con Dios. El sacerdote debe ser un creyente que està en diàlogo con Dios. Si no es esto, toda su actividad es vacua. Lo supremo y màs importante que puede hacer un sacerdote en favor del ser humano es ser lo que es: un creyente. Por la fe hace que Dios, el Otro, acceda al mundo. Y si el Otro no actùa, nuestra acciòn es siempre deficitaria. Pero si las personas sienten hallarse ante alguien que cree, que vive con Dios y desde Dios, nace tambièn en ellas la esperanza. Por la fe del sacerdote se abre de par en par una puerta a los hombres:¡ con que tambièn hoy se puede creer realmente, tambièn hoy! La fe humana es siempre un creer compartido, y por eso es tan importante el pre-creyente, el que precede en la fe. El està màs expuesto que los otros, porque la fe de èstos depende de la suya y en determinados momentos èl ha de llevar el peso de creer por ellos. Por eso, la crisis de la Iglesia y de la fe suelen ser màs agudas en sacerdotes y religiosos, y se advierten antes que en el pueblo eclesial.. Existe tambièn el riesgo de que el sacerdote tome la fe como una rutina, la cuestione y se canse de ella, como le ocurre al hermano menor, y despuès al hermano mayor de la paràbola. Entonces los otros creyentes, en especial los que volvieron a la fe por la experiencia de su propio vacìo, pueden prestarle  el servicio que el retorno del hermano menor ofrece al mayor”.

De: La fe puerta de acceso al poder de Dios en: Un canto nuevo para el Señor, Joseph Ratzinger, pag.59-60.Ed.Sìgueme Salamanca

El poder de Jesùs

“Debemos preguntar ahora con màs presiciòn cual es realmente la esencia de este poder, hasta que punto es poder y que podemos esperar de èl.Como todo esto se aleja mucho de nuestras experiencias de vida moderna, debemos acercarnos gradualmente a la realidad de este poder y a su comprensiòn.

Como primer paso me parece ùtil una observaciòn liguìstica.Para designar este poder de Jesùs, el nuevo testamento no emplea una palabra que exprese la capacidad interna de una persona,una cualidad objetiva presente en ella, sino el tèrmino exousìa, que en griego designa  el derecho de hacer algo, derecho anclado en la estructura jurìdica de un Estado.El tèrmino designa, asì, la posibilidad operativa que posee una persona en virtud de la estructura jurìdica, y esa posibilidad se traduce en potestad , derecho, licencia o libertad. Se trata de un poder  dado que viene de un todo jurìdico, de una figura de la justicia. Es en consecuencia, potestad que emana de un poder subyacente y por eso puede decidir. Es poder que viene de una obediencia, un poder responsable y anclado en un orden intrìnseco.

Asì, la palabra elegida por la Biblia para expresar el poder de Jesùs ofrece ya una interpretaciòn profunda de la esencia de este poder : es un poder que no es precisamente el de un Goliat antiguo o moderno, sino un poder  que nace de la obediencia y, por tanto, de una relaciòn que es responsabilidad, respuesta del ser, respuesta a la verdad y al bien . Es un poder humilde, como lo describe el himno a Cristo de la carta a los filipenses(2,5-11).Cristo no retiene para sì la igualdad divina al modo del ladròn que guarda su botìn, como un poder conquistado que se puede disfrutar. La actitud del ladròn, acorde con la idea corriente de poder, es en realidad señal de impotencia: lo robado no le pertenece propiamente, y por eso lo usa y defiende con codicia. Romano Guardini expresò muy bellamente el contenido positivo del gesto de Jesùs descrito en el himno de la Carta a los filipenses,himno de la crucifixiòn y la consiguiente exaltaciòn:”Toda la existencia de Jesùs es una trasposiciòn del poder a la humildad…a la obediencia a la voluntad del Padre. Para Jesùs la obediencia no es un factor secundario, añadido,sino que forma el nùcleo de su esencia”Su poder no tiene “ningùn lìmite desde fuera, sino un lìmite que llega  desde dentro…: a la voluntad del Padre  libremente asumida. Es un poder que se controla tan perfectamente que es capaz de renunciarse a sì mismo”. Hemos dicho que el poder de Jesùs es algo que el tèrmino griego deja claro: un poder que nace de la obediencia. Esto significa, ademàs, que es un poder que puede dictar sentencia en un todo estructurado jurìdicamente que està detràs del poder y del que èste emana, no es una suma de principios, sino la voluntad de Dios, que es el orden del bien y de la verdad misma, el amor en persona. Asì el poder de Jesùs es un poder basado en el amor, es la potencialidad del amor.Es un poder que nos remite desde lo palpable y  visible a lo invisible y verdaderamente real, que es el amor poderoso de Dios. Es un poder que es camino, que tiene como objetivo encaminar al hombre hacia la trascendencia del amor. Podemos anticipar ya aquì, alusivamente, un tercer aspecto que se sigue de lo anterior: Jesùs dio la exousìa  a su Iglesia. Ella participa en la potestad de Jesùs, y todos sus poderes son participaciòn en esa potestad, que es su medida y esencia.” 

De: La esencia del poder de Jesùs:poder en la obediencia, poder responsable En: Un canto nuevo para el Señor,Joseph Ratzinger,pag.54-55. Ed.Sìgueme Salamanca