Pensamiento Benedicto

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Archive for enero, 2011

¿Domingo de misa o de playa?

Mucho màs realista es , a mi juicio, en nuestras latitudes la pregunta inversa: ¿que hacemos si nuestras comunidades abandonan en masa sus lugares de residencia en vìspera de fiesta o el sàbado, y regresan despues de haber concluìdo la ùltima celebraciòn? ¿como podemos compaginar la cultura de fìn de semana  y el domingo, como relacionar de nuevo el ocio con la libertad superior en la que el dìa del Señor quiere ejercitarnos? Creo que debemos ser en esta materia màs imaginativos que hasta hora; primero, en movilidad pastoral y apertura recìproca de las comunidades entre sì; segundo,en la manera de lograr que la comunidad parroquial sea, en torno al culto, un hogar interior que ataje la evasiòn de la sociedad industrial y le proponga otra meta. Todas esas huìdas, cuyos testigos somos, buscan sin duda el cambio, el descanso, el encuentro y la liberaciòn de la servidumbre de lo cotidiano; pero creo que detràs de tales deseos, plenamente justificados, hay una demanda màs profunda: la nostalgia de un verdadero hogar en una comuniòn fraterna, la nostalgia del contraste real, de lo “totalmente otro” frente a tanta saturaciòn de lo fabricado por el hombre.

A eso tendrìa que responder la liturgia dominical. Calcularà mal si quiere competir con el negocio del espectàculo. Un cura no es un showmaster, ni la liturgia es una variètè. Tambièn quedarà mal si pretende ser una especie de tertulia amena. Podrà haber quizà todo esto a raiz de la liturgia dominical y desde unos encuentros que tienen su origen en ella. Ella misma debe ser màs.Debe dejar claro que se habre aquì una dimensiòn de la existencia que todos buscamos secretamente: la presencia de lo que no se puede fabricar, la teofanìa, el misterio y, dentro de èl, el visto bueno de Dios que impera sobre el ser y es capaz de hacerlo bueno, de forma que podamos aceptarlo en medio de las tensiones y sufrimientos.

De Cultura de fin de semana y domingo cristiano en Un canto nuevo para el Señor,Joseph Ratzinger.pag.92-93. Ed.Sìgueme.

La Resurrecciòn

Hay una teofanìa real en el mundo.Lo dice esta fòrmula del “tercer dìa”.Y se produjo de forma que Dios mismo restableciò la justicia dañada y creò el derecho, no sòlo para los vivientes o para una generaciòn futura todavìa incierta,sino màs allà de la muerte,derecho para el muerto y los muertos,para todos.La teofanìa aconteciò en alguien que fue rescatado de la muerte o, màs exactamente, franqueò la muerte. Aconteciò cuando el cuerpo fue asumido en la eternidad,cuando tambièn èl se mostrò capacitado para la eternidad y para Dios. Jesùs no muriò en Dios, como se matiza hoy a veces con presunta actitud edificante, que oculta la falta de fe en el poder real de Dios y en la resurrecciòn efectiva de Jesùs. Porque detràs de esa fòrmula està el miedo a invadir el terreno de las ciencias naturales si incluimos el cuerpo real de Jesùs en la operaciòn de Dios, si consideramos que el tiempo real queda afectado por el poder de Dios.

De seguir esa interpretaciòn,negarìamos capacidad de redenciòn a la materia.Y entonces se la negamos tambièn al ser humano, que es siempre la uniòn de espìritu y materia. Me parece que las teorìas que subrayan con aparente nobleza la integralidad del ser humano y hablan en consecuencia de muerte total y de vida corporal absolutamente nueva, son en realidad dualismos apenas velados que inventan una materia desconocida para erradicar la realidad misma del àmbito de la teologìa, es decir, del àmbito de la palabra y la acciòn de Dios. Pero la resurrecciòn significa que Dios pronuncia su “sì” a la totalidad, y que puede hacerlo. En la resurrecciòn, Dios lleva el visto bueno del sèptimo dìa hasta el final. El pecado del hombre intentò poner a Dios en evidencia,como mentiroso;dejò constancia de que su creaciòn no era buena, de que sòlo servìa para morir.Resurrecciòn significa que Dios, a travès de los estragos del pecado y màs poderoso que èl, dice definitivamente: “esto es bueno”. Dios pronuncia su “bueno” definitivo a la creaciòn, asumièndola y transformàndola en lo permanente màs allà de toda caducidad.

De La Teologìa del dìa del Señor en Un càntico nuevo para el Señor,Joseph Ratzinger,pag.78.Ed.Sìgueme

La figura de Jesus de Nazareth

“En medio de la crisis que afecta al cristianismo en grandes zonas del mundo, la figura de Jesùs de Nazareth permanece asombrosamente actual. Tambièn fuera del cristianismo èl està cerca de los hombres: el Islam lo conoce como profeta,, en la India muchas personas han acogido la imagen de Jesùs en sus casas.El Cristo del Sermòn de la Montaña, que habìa impresionado tan profundamente a Gandhi, se ha convertido para muchos no-cristianos en un mensajero de la bondad de Dios, en aquel a tarvès del cual la luz de lo eterno resplandece en el mundo. La historia, relatada por los evangelios sinòpticos, de la mujer enferma que tocò por detràs la ropa de Jesùs y que por eso se curò, tiene lugar ciertamente tambièn hoy, en formas muy diversas.

Pero contemporàneamente con la presencia mùltiple de la figura de Jesùs, hay justamente en la cristiandad una perturbadora pèrdida del significado propio de la cristologìa. Este proceso habìa comenzado con el intento de mostrar nuevamente al hombre Jesùs, màs allà del brillo dorado del dogma, para retornar a la simplicidad de los evangelios: pero al hacer esto, se ha visto ràpidamente que la figura de Jesùs en los evangelios no se deja reducir a la figura de un amable filàntropo, ya que evidentemente tambièn el Jesùs de los evangelios excede el marco de lo meramente humano y pone frente a problemas y decisiones que exigen al hombre en lo màs profundo de sì.”…”En amplios cìrculos, tambièn entre los creyentes, se ha impuesto hoy la imagen de un Jesùs que no exige nada, que jamàs reprende, que acepta a todos y todo, que tan sòlo nos confirma en todo, de tal modo que resulta ser la oposiciòn perfecta a la Iglesia, en cuanto èsta todavìa se atreve a exigir y a ordenar. Hace poco F.Schulz ha encontrado algo similar, en un anàlisis que ha llevado a cabo sobre las nuevas oraciones de la pràxis del culto evangèlico. En ellas ha encontrado un doble proceso de descristologizaciòn:”en primer lugar, el retroceso, un ocultamiento del nombre de la persona de Cristo…, despuès un desplazamiento del acento, que consiste en el hecho que Cristo no es ya anunciado con tributos sublimes, sino que se acentùa su solidaridad con los hombres…”(1). La presencia de la figura de Jesùs mismo separa, tambièn respecto a los contempòraneos no-cristianos que nos rodean, ya que la figura se transforma, a partir del “Señor” (una palabra que es evitada) en un hombre que de ninguna manera intercede por todos los hombres. El Jesùs de los evangelios es totalmente diferente, exigente, audaz, mientras que el Jesùs que deja contentos a todos es un fantasma, un sueño, no es una figura real. El Jesùs de los evangelios no es ciertamente còmodo para nosotros. Pero justamente asì èl responde al interrogante màs profundo de nuestra existencia, la cual- queràmoslo o no-busca ansiosamente a Dios, un estado de paz màs allà de todos los lìmites, el infinito. Nosotros tenemos que ponernos nuevamente en camino hacia este Jesùs real.”

Tomado de:  Pròlogo a Caminos de Jesucristo, Joseph Ratzinger,Ed.Cristiandad.pag.9-10