Jesús extendió la mano y lo tocó

Guillermo de Bourges, Santo

Abad y Obispo, 10 de enero

Abad y Obispo

Martirologio Romano: En la ciudad de Bourges, en Aquitania, san Guillermo (Guilelmus Bituricensis), obispo, que, deseoso de soledad y meditación, se hizo monje en el monasterio cisterciense de Pontigny. Más tarde fue abad de Chaalis y, después, elegido obispo de Bourges, no abandonando nunca la austeridad de la vida monástica y distinguiéndose por su amor a los clérigos, a los cautivos y a los desgraciados (1209).

Breve Biografía

Guillermo de Donjeon, que pertenecía a una ilustre familia de Nevers, nació en Nevers, Francia. Fue educado por su tío Pedro, archidiácono de Soissons. Muy joven fue hecho canónigo, primero dé Soissons y luego de París. Pero pronto decidió abandonar totalmente el mundo, y se retiró a la soledad en la abadía de Grandmont. Allí vivió con gran regularidad la vida de esa austera orden, hasta que una disputa entre los monjes de coro y los otros turbó la paz.

Guillermo pasó entonces a la orden cisterciense, que se distinguía por su fama de santidad. Tomó el hábito en la abadía de Pontigny. Poco después fue elegido abad, primero de Fontaine-Jean, en la diócesis de Sens, y después, del monasterio de Chalis, mucho más importante, que había sido construido por Luis el Gordo, en 1136. San Guillermo se consideró siempre como el último de los monjes. La mansedumbre de su palabra daba testimonio del gozo y la paz de su alma. La virtud era atractiva en él, a pesar de sus crueles austeridades.

A la muerte de Enrique de Sully, arzobispo de Bourges, el clero de la ciudad pidió a Eudo, obispo de París, que le ayudase a elegir un pastor. Como todos querían a un abad del Cister, depositaron sobre el altar el nombre de tres abades. Esta elección por sorteo hubiera sido una superstición, si los electores hubieran esperado un milagro. En realidad era muy razonable, ya que todas las personas propuestas para el cargo parecían igualmente dotadas, y se encomendaba la elección a Dios, poniendo toda la confianza en su Providencia ordinaria. Después de haber orado, Eudo leyó el nombre de Guillermo, a quien, por otra parte, habían favorecido casi todos los votos de los presentes. Era el 23 de noviembre del año 1200. La noticia abrumó a Guillermo, quien jamás hubiera aceptado el cargo, si el papa Inocencio III y el abad de Citeaux, no se lo hubieran mandado. Guillermo abandonó la soledad con lágrimas en los ojos, y fue consagrado obispo poco después.

El primer cuidado de san Guillermo fue elevar su vida interior y exterior a la altura de su dignidad, pues estaba persuadido de que el primer deber de un hombre es honrar a Dios en su corazón. Redobló, pues sus penitencias, diciendo que su cargo le obligaba a sacrificarse por los otros tanto o más, que por sí mismo. Bajo el hábito religioso llevaba una áspera camisa, y ni en el invierno, ni en el verano, cambiaba de manera de vestir. Jamás comía carne, aunque sus huéspedes encontraban buena mesa en su casa. No menos digna de encomio era su solicitud por su rebaño.

Se preocupaba especialmente por los pobres, a quienes prestaba socorro espiritual y material, pues decía que Dios le había enviado sobre todo para ellos. Era muy indulgente con los pecadores arrepentidos; en cambio se mostraba inflexible con los impenitentes, aunque nunca invocó contra ellos el poder civil, como se acostumbraba entonces. Tal actitud le ganó más de una conversión.

Algunos nobles, abusando de su bondad, usurparon los derechos de su iglesia; pero Guillermo no se amilanó ante la amenaza de confiscación de bienes y llevó el caso ante el rey. Su humildad y paciencia triunfaron en varias ocasiones de la oposición de su capítulo y su clero. Guillermo convirtió a muchos albigenses, y su última enfermedad le sorprendió cuando estaba preparando una misión para esos herejes. A pesar de su padecimiento, decidió predicar un sermón de despedida. Esto hizo que la fiebre aumentara y que Guillermo tuviese que posponer su viaje. La noche siguiente, previendo que se acercaba el fin, Guillermo insistió en adelantar el canto de los nocturnos, que tiene lugar a medianoche; pero, habiendo trazado sobre sus labios la señal de la cruz, sólo pudo pronunciar las dos primeras palabras. Entonces dio la señal a los presentes de que le colocaran sobre un lecho de ceniza, y murió al amancer del 10 de enero de 1209. Su cuerpo fue sepultado en la catedral de Bourges. En 1217, después de numerosos milagros, sus restos fueron depositados en un relicario. El papa Honorio III le canonizó al año siguiente.

El encuentro

Santo Evangelio según san Lucas 5, 12-16. Viernes después de Epifanía

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

En medio de mis preocupaciones, mis intereses y mi vida ordinaria, quiero darte un pequeño momento, estar a tu lado y crear conciencia de lo que has hecho por mí. Dame la gracia, Señor, de saber escucharte, contemplarte y enamorarme de la misión que me tienes preparada.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 12-16

En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: "Señor, si quieres, puedes curarme". Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Quiero. Queda limpio". Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: "Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio".

Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La lepra provoca el rechazo. El leproso se aleja, se esconde del mundo, no puede sentir la compañía, especialmente si es el único en tal estado. La tendencia es encerrarse en su dura realidad. No puede ni quiere aceptar su enfermedad. La vida de un leproso no proyecta un futuro, solo espera un final en la soledad.

Nuestro trabajo, nuestras relaciones, el ambiente en donde nos movemos… pueden provocar en nosotros tanto sentimientos de satisfacción como de insatisfacción, tanto de alegría como de frustración. Estos dos sentimientos, si no los sabemos controlar, pueden ser dañinos desde el momento que nos encerramos en nosotros mismos.

Esta puede ser la lepra del siglo XXI cuando nos fijamos solamente en el momento presente, en «mi presente», «mi estado», «mis sentimientos» ... No salimos de nuestro pequeño mundo, nos auto-limitamos en los proyectos y deseos personales.

No importan las situaciones que nos rodean, sean buenas o malas, lo que importa es no encerrarnos en nosotros mismos, pues provoca la lepra. Si estoy feliz puedo caer en el peligro de permanecer en mi alegría. Si estoy triste tengo el peligro de ahogarme en la soledad. Hay poca importancia, en lo que nos suceda en el momento presente, en las circunstancias actuales; lo que importa es no estar solos.

Pidamos a Cristo la gracia de salir de nosotros mismos, pues estamos hechos para salir al encuentro de los demás; estamos llamados a compartir nuestra alegría. Antes de pensar en mi presente hay que hacer el esfuerzo de formar la conciencia de nuestro presente, pues nunca estamos solos. Salir de nosotros mismos es la gracia que Dios nos da para formar relaciones que nos acompañen en las buenas y en las malas. Es la medicina que Dios nos da.

«El Señor nunca perdió este contacto directo con la gente, siempre mantuvo la gracia de la cercanía, con el pueblo en su conjunto y con cada persona en medio de esas multitudes. Lo vemos en su vida pública, y fue así desde el comienzo: el resplandor del Niño atrajo mansamente a pastores, a reyes y a ancianos soñadores como Simeón y Ana. También fue así en la Cruz; su Corazón atrae a todos hacia sí: Verónicas, cireneos, ladrones, centuriones... No es despreciativo el término “multitud”. Quizás en el oído de alguno, multitud pueda sonar a masa anónima, indiferenciada... Pero en el Evangelio vemos que cuando interactúan con el Señor —que se mete en ellas como un pastor en su rebaño— las multitudes se transforman. En el interior de la gente se despierta el deseo de seguir a Jesús, brota la admiración, se cohesiona el discernimiento. Quisiera reflexionar con ustedes acerca de estas tres gracias que caracterizan la relación entre Jesús y la multitud. La gracia del seguimiento Dice Lucas que las multitudes “lo buscaban” y “lo seguían”, “lo apretujaban”, “lo rodeaban” y “se juntaban para escucharlo”. El seguimiento de la gente va más allá de todo cálculo, es un seguimiento incondicional, lleno de cariño».

(Homilía de S.S. Francisco, 18 de abril de 2019).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy buscaré compartir con alguien mi estado de tristeza o felicidad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

¡Cristo, Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Se le quitó la lepra y quedó limpio

Que hoy reconozcamos esa presencia de Dios en medio de nosotros

I Samuel 4, 1-11: “Derrota de Israel y captura del Arca”
Salmo 43: “Redímenos, Señor, por tu misericordia
San Marcos 1, 40-45: “Se le quitó la lepra y quedó limpio”

Hoy el libro de Samuel nos narra un acontecimiento que nos parecería lejano pero que puede resultar muy actual. El pueblo de Israel sentía de una manera muy especial la presencia de Dios por medio del Arca de la Alianza. En sus batallas, en sus traslados, en las dificultades y problemas, al acercarse al Arca se sentían seguros y aliviados. Pero en el pasaje de este día sucede algo escandaloso para la fe del pueblo: después de una derrota, llevan el Arca hasta el campo de batalla con la seguridad de que Dios les otorgará el triunfo.

Los mismos filisteos, sus eternos enemigos, al darse cuenta de la presencia del Arca se llenan de temor reconociendo los prodigios que por medio de ella se han realizado. Sin embargo, los israelitas son derrotados estrepitosamente y es apresada el Arca. ¿Falló la presencia del Señor? ¿No es eficaz su poder? Lo que falla es la fe y la fidelidad de los israelitas que no cumplen los mandamientos de Dios y  quieren utilizar el Arca como amuleto de buena suerte pero sin compromiso serio con el Señor. Esto me lleva a pensar en muchas situaciones nuestras en que aparentamos una religiosidad y en que utilizamos símbolos religiosos pero sólo externamente y no nos comprometemos de corazón. Pienso en las oraciones o en las medallas que solamente llevamos externamente y no corresponden a una actitud interior.

¿Estará mal entonces una devoción a un santo o llevar su imagen u ofrecer veladoras? No estaría mal si esto nos impulsa a ser fieles al Señor. Si la medalla que yo llevo en el pecho me recuerda mi promesa de fidelidad, si la veladora que prendo ante el Señor es señal de que quiero vivir en su presencia, son señales muy ricas de nuestra religiosidad. Pero si los utilizo como amuletos y no comprometen mi vida y mi fidelidad, sino que quedan en adornos externos, pueden esconder una falsa concepción de Dios. Él está cerca de nosotros para acompañarnos, pero no podemos manipularlo. Como el mismo evangelio de este día nos muestra a Cristo hace sus prodigios pero ante quien tiene verdadera fe.

Que hoy reconozcamos esa presencia de Dios en medio de nosotros y nos comprometamos a vivir en su presencia.

Con paz en el corazón se obtiene paz en el mundo

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta. 9 de enero de 2020

No podemos "ser cristianos" si somos "sembradores de guerra" en la familia, en nuestro vecindario, en el lugar de trabajo: "que el Señor nos dé el Espíritu Santo para permanecer en Él y nos enseñe a amar simplemente, sin declarar la guerra a los demás". Esta ha sido la oración del Papa durante la Misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. Momento en el que también ha recordado la oración por el comienzo de la Liturgia, con la invocación a Dios, para que otorgue a "todas las personas" una "paz segura".

Cuando hablamos de paz, inmediatamente pensamos en guerras, que no haya guerras en el mundo, que haya paz segura, es la imagen que nos viene siempre, paz y no guerras, pero siempre afuera: en ese país, en esa situación ... Incluso en estos días que ha habido tantos fuegos de guerra encendidos, la mente inmediatamente va allí cuando hablamos de paz, [cuando oramos para que] el Señor nos dé la paz. Y esto está bien; y debemos orar por la paz mundial, siempre debemos tener ante nosotros este don de Dios que es la paz y pedirlo para todos.

Permanecer en el Señor
Al mismo tiempo, Francisco también exhorta a preguntarnos "cómo" la paz va "a casa", si nuestro corazón está "en paz" o "ansioso", siempre "en guerra, en tensión por tener algo más, dominar, hacerse sentir". La "paz del pueblo" o de un país - explica - "se siembra en el corazón": "si no tenemos paz en el corazón, ¿cómo pensamos que habrá paz en el mundo"? pregunta el Papa y explica que "habitualmente" no pensamos en ello. La primera lectura de hoy, de San Juan Apóstol - continua el Pontífice - "nos muestra el camino hacia la paz interior" y que no es otro que "permanecer en el Señor".

Donde está el Señor hay paz. Es él quien hace la paz, es el Espíritu Santo que envía para hacer las paces dentro de nosotros. Si permanecemos en el Señor, nuestro corazón estará en paz; y si habitualmente permanecemos en el Señor cuando cometemos un pecado o un defecto, será el Espíritu quien nos hará saber este error, este desliz. Permanecer en el Señor ¿Y cómo permanecemos en el Señor? El apóstol dice: "Si nos amamos los unos a los otros". Esta es la pregunta, este es el secreto de la paz.

La tentación del diablo
Francisco hoy también ha hablado de "amor verdadero", asegurando que no es ese de las "telenovelas" ni del "espectáculo", sino ese que nos empuja a hablar "bien" de los demás: "de lo contrario, si no puedo hablar bien, cierro la boca" dice el Papa, porque hablar a las espaldas y criticar a otros es "guerra".

Francisco además explica que el amor "se ve en las cosas pequeñas" y asegura que si hay guerra en nuestro corazón, entonces "habrá guerra en nuestra familia, habrá guerra en nuestro vecindario y habrá guerra en nuestro lugar de trabajo". También ha hablado de los "celos", de la "envidia" y de los "chismes" subrayando que estos malos hábitos nos llevan a hacer guerra entre nosotros, destruyen y son - ha dicho - "mugre". Ante esto, el Papa invita a reflexionar sobre cuántas veces hablamos "con espíritu de paz" y cuántas "con espíritu de guerra", también sobre cuántas veces somos capaces de decir: "todos tienen sus pecados, yo miro los míos y los otros tendrán los suyos, así que cierro la boca". En este sentido además, Francisco recuerda que “ensuciar” al otro “no es amor” y tampoco es “la paz segura que hemos pedido en la oración”.

Un don del Espíritu Santo
Al final de su homilía, el Santo Padre explica que cuando el diablo logra hacernos hacer la guerra y enciende ese "fuego", "está feliz, porque ya no tiene que trabajar": "somos nosotros que trabajamos para destruirnos", "somos nosotros que llevamos a delante la guerra, la destrucción, destruyéndonos primero a nosotros mismos porque sacamos el amor y luego a los demás". En este sentido, el Papa puntualiza que, en efecto, uno es "dependiente de este hábito de ensuciar a otros": "es una semilla que el diablo ha puesto en nuestro interior" concluye.

El mindfulness, la nueva moda en la meditación: ¿es compatible o un peligro para los católicos?

El mindfulness o atención plena se ha convertido en una de las técnicas de meditación de moda

El "mindfulness" o "atención plena" es la última gran moda de la “meditación oriental” y de la New Age que hace furor en Occidente. Esta técnica de origen budista, aunque se intente esconder su connotación religiosa, lleva años despertando un gran interés. Altos ejecutivos, estrellas de Hollywood, profesores, psicólogos y hasta médicos lo recomiendan o utilizan habitualmente dándoles gran visibilidad.

Cientos de manuales y libros sobre el tema se han publicado durante estos últimos años a la vez que se han multiplicado los congresos, retiros y charlas sobre el mindfulness, ya sea como complemento a la oración o como forma de sobrellevar la ansiedad o el estrés.. Incluso en el seno de la Iglesia se ha extendido y estas técnicas se pueden encontrar en casas de retiros y como asignatura en colegios católicos.

Un libro para poner en guardia a los católicos
Pero, ¿qué es en realidad la “atención plena”? ¿Es compatible con el catolicismo o sin embargo puede ser dañino para los católicos? Para responder a estas preguntas y arrojar luz ante la confusión que se pueda generar entre los fieles, Susan Brinkmann ha publicado un libro al respecto, A Catholic Guide to Mindfulnessen el que advierte de los peligros de esta última moda de meditación oriental mientras ofrece a los católicos la oración y la adoración como una alternativa profunda y enraizada en la tradición de la Iglesia.

La autora, que durante mucho tiempo fue feminista y seguidora de la Nueva Era, es ahora miembro de la orden terciaria carmelita, escritora y apologeta. Tras haber buscado la verdad en muchos sitios equivocados, ahora pretende ayudar a muchos que como ella antes buscaban la felicidad pero sin saber dónde.

En sendas entrevistas en Catholic World Report y National Catholic RegisterSusan explica en qué consiste, las razones del éxito rotundo que está teniendo, los riesgos que entraña para los católicos pero también para el resto de asiduos a ella y además ofrece a los miembros de la Iglesia una alternativa cristiana a esta técnica oriental.

Una confusión que puede acabar en "desastre espiritual"
Brinkmann afirma que decidió escribir este libro por su preocupación por la cantidad de católicos que intentan “integrar prácticas de meditación de atención plena en sus vidas espirituales o de oración”. En su opinión, muchos llegan a esta situación “al creer que no es una ‘práctica budista’ sino una forma de enfocarse en el ‘aquí y ahora’”.

Sin embargo, cuando se hace la “meditación espacial”, el “escaneo del cuerpo” u otras técnicas de mindfulness, “nos estamos aventurando en el ámbito de las prácticas budistas”. A tenor de su experiencia, “muchos católicos pueden comenzar tratando de mantener estas prácticas separadas pero existe una confusión con respecto a la meditación oriental y cómo difiere de la meditación occidental (uno es un es un ejercicio mental, el otro es un diálogo con Dios), y es por eso que muchos están combinando inadvertidamente los dos, y esto a menudo puede resultar un desastre espiritual, incluso hasta el punto de requerir exorcismos en algunos casos”.

Una técnica que proviene del budismo
El mindfulness es en definitiva un movimiento psicoespiritual dirigido principalmente por psicólogos, aunque el abanico es ahora mucho más amplio, “que han adaptado una antigua práctica budista de meditación como un medio para ayudar a las personas que sufren una variedad de problemas de salud mental” como el estrés o la ansiedad, aunque ya se utiliza para conseguir paz y relajación.

Pero concretamente, esta técnica de origen budista representa el séptimo paso en el Noble Camino Óctuple, que los budistas consideran como parte del proceso para alcanzar el Nirvana. Fue introducido en la medicina y terapias occidentales por el biomédico Jon Kabat-Zinn.

Tres explicaciones de su auge
Según la autora, son varios los motivos que explican el éxito de esta técnica. En un mundo secularizado que ha abandonado y relegado los valores judeo-cristianos, “muchas personas están abandonando la religión convencional y están alimentando el hambre espiritual con otras prácticas, que van desde una variedad de filosofías no cristianas y de la Nueva Era hasta el ocultismo”.

En segundo lugar, Brinkmann señala la “necesidad de escapar de las presiones de la vida moderna como otra razón por la cual las personas se sienten atraídas por las prácticas de meditación orientales. Inducen estados alterados de conciencia a través del uso de técnicas diseñadas para vacías o administrar la mente. Esto les da a las personas un falso respiro de sus preocupaciones. Y en una época en la que estamos sufriendo niveles récord de depresión y ansiedad, ¿quién no querría escapar de sus problemas por lo menos durante un tiempo? ¡Por supuesto, que esto es atractivo!”.

Pero además, apunta un aspecto más sobre el auge del mindfulness. Se puede ganar mucho dinero a través de las “modas psicoespirituales” como esta. “Hemos visto el mismo patrón en el pasado con el reiki. Una vez que estas modas se vuelven de interés común, muchos buscan explotarlas para obtener ganancias”.

Ejemplos de cómo puede dividir una familia católica
En el libro cuenta ejemplos de esta confusión que puede generar en matrimonios católicos. En un caso concreto y real, el esposo practicaba dos veces al día una de estas técnicas de mindfulness para poder sobrellevar el estrés laboral. 

Hasta ese momento, la familia rezaba todas las noches junta el Rosario pero decidió que no seguiría rezándolo y que seguiría con su meditación porque le parecía más relajante.

“Aunque ninguno de nosotros debería rezar sólo por relajación, sino para conversar con Dios, esto muestra lo fácilmente que la gente, en diferentes etapas de su vida espiritual, puede confundirse, sin siquiera darse cuenta, y así ser alejada de Dios en lugar de acercarse a Él”, afirma la autora de este libro.

"Direcciones opuestas"
Y es que insiste en que aunque disfrazado, esta nueva moda proviene del budismo y no es compatible con el catolicismo porque sus fines son diferentes. “Cuando uno entiende bien las intenciones de la oración cristiana y la atención plena está claro que, en su raíz, apuntan en direcciones opuestas”, afirma en el prólogo Anthony E. Clark, profesor de Historia Oriental.

Por ello, cree que la razón por la cual tantos católicos utilizan técnicas de meditación oriental en su vida es “porque sinceramente no entienden de qué se trata la oración cristiana”.

“Los cristianos creen que el sufrimiento nos acerca a Dios y nos une con nuestro Señor sufriente. Los budistas creen que el sufrimiento es algo de lo que se puede escapar”, asegura.

Los católicos "no" deberían involucrarse en estas técnicas

Pero además, insiste en que el mayor problema es que técnicas como el mindfulness “son diametralmente opuestas a la concepción cristiana de la oración, que es ‘elevar el corazón y la mente a Dios’. La meditación budista se centra en el yo, mientras que la meditación cristiana se centra en Dios”.

Por todo ello, la autora considera que “los católicos no deberían involucrarse en esto, incluso cuando lo recomiende un médico, porque demasiados estudios han demostrado que es dañino”.

Los efectos secundarios de los que no se habla
Durante mucho estas técnicas han tenido buena prensa y estudios favorables. Pero en 2014, investigadores de la Universidad Johns Hopkins revisaron 19.000 estudios sobre mindfulness con los que se popularizó y avaló esta práctica. Del total, sólo 47 cumplían los criterios básicos de un estudio científico serio.

De este pequeño número que pasó el corte, sólo encontraron un pequeño efecto de este técnica en la reducción de los síntomas emocionales y ninguna evidencia de que fueran mejores que otros tratamientos.

Sin embargo, no se ha hablado de los efectos secundarios que pueden producir tanto psicológicos como físicos y de los que también alerta en España la publicación Redacción Médica como desde hipersensibilidad a la luz y al sonido a insomniomovimientos involuntarios del cuerpo. También hubo reacciones de pánico, miedo y ansiedad. Estas reacciones inesperadas se podían mantener durante días, semanas y hasta décadas.

Nazareno Negro

Se venera en la Basílica Menor del Nazareno Negro en Quiapo (Manila, Filipinas)

Historia

La imagen es de madera y de tamaño natural, goza de gran devoción y es considerada como una imagen milagrosa por los filipinos devotos.

La talla original fue hecha por un carpintero mexicano anónimo en 1606, y llegó a las Islas Filipinas a través un galeón desde Acapulco (México). La tradición popular atribuye el color del Nazareno Negro al incendio del barco que lo transportaba que ennegreció la talla. Otra versión atribuye la peculiaridad a que el artesano mexicano que talló la escultura quiso estampar la misma tonalidad de su piel a la obra.

En 1650 el Papa Inocencio X aprobó el culto a la imagen y autorizó la Cofradía de Nuestro Santo Jesús Nazareno. El Papa Pío VII dio su bendición apostólica a la imagen del Cristo y a su culto en 1880 y concedió la indulgencia plenaria a los que piadosamente rezaran ante la imagen.

Registros antiguos develan que había dos imágenes idénticas del Nazareno Negro en Manila. El primero se encontraba en la Iglesia de San Nicolás de Tolentino en Bagumbayan y posteriormente trasladado al distrito de Intramuros cuando la antigua iglesia fue demolida. Este Nazareno Negro fue bombardeado y destruido en la Batalla de Manila en 1945.

La otra talla fue regalada por los sacerdotes agustinos recoletos a la actual Basílica del Nazareno Negro de Quiapo, y ha sido a menudo confundida por muchos como la primera imagen destruida durante la guerra.

Para proteger la imagen, la Basílica de Quiapo encargó una réplica. La cabeza y las manos de la imagen original se encuentra ahora en un nuevo cuerpo, mientras que el torso antiguo contiene la nueva cabeza y las nuevas manos. Ambas imágenes se utilizan para las procesiones, alternando cada dos años excepto en 2007, cuando la estatua entera se puso de nuevo en su conjunto por su 400 aniversario.

Todos los viernes del año se conoce localmente como el "Día de Quiapo", este día está dedicado al Nazareno Negro, con una novena que se celebra no sólo en la propia Basílica del Nazareno Negro sino también en otras iglesias de todo el país.

Fiestas

Hay tres procesiones anuales de la imagen del Cristo Negro; el 9 de enero, el Viernes Santo y el Día de Año Nuevo.

La más multitudinaria es la del 9 de enero, en la que millones de devotos acuden a su basílica para celebrar la procesión multitudinaria que tiene una duración de varias horas y en ella es tradición que los fieles aglomerados intenten subir al trono para tocar el Cristo y de este modo ser bendecidos.

Uno de los momentos más emotivos es cuando el Cristo pasa junto a la Basílica de San Sebastián de Manila, pues aquí se produce el encuentro entre las imágenes del Nazareno Negro y la Virgen del Carmen (las dos imágenes más veneradas de Manila). En este acto, la imagen de la Virgen es sacada al atrio de la basílica para, desde allí, ver pasar al Cristo, es lo que se llama el "Dungaw" (en español: La Mirada). Esta procesión del 9 de enero conmemora el traslado de la imagen a la Iglesia de San Nicolás de Tolentino en Bagumbayan.

La procesión del Viernes Santo contrasta con la del 9 de enero, al ser una procesión notablemente solemne y silenciosa.

Dos verdades complejas para desmentir dos mentiras simples

la gente tendía a creer antes una mentira simple que una verdad compleja. Simple no es lo mismo que sencillo, como complejo no es lo mismo que complicado

Alexis de Tocqueville afirmó, con gran perspicacia, que la gente tendía a creer antes una mentira simple que una verdad compleja. Simple no es lo mismo que sencillo, como complejo no es lo mismo que complicado. Simple es una conclusión que para llegar a ella no se han tenido en cuenta más que una ínfima parte de las premisas que pueden condicionarla. Las conclusiones simples, sean verdaderas o falsas, no son fiables. Compleja es la conclusión en la que se han tenido en cuenta suficientes premisas como para que aquélla sea fiable o, por lo menos, suficientemente fiable. Es muy difícil que en un mundo complejísimo como el que vivimos se puedan tener en cuenta todas las premisas necesarias para llegar a una conclusión cien por cien fiable. En cambio, la sencillez o la complicación se refieren a la forma en que se explica un fenómeno. Explicar algo con sencillez es hacerlo fácilmente entendible. Explicarlo de forma complicada es hacerlo de forma de que nadie se entere. La sencillez o la complicación no afectan a la fiabilidad de la conclusión. La sencillez es una bendición para quien escucha, pero hay gente, sin embargo, que gusta disfrazar su ignorancia, o su ego, o una mentira simple con una explicación complicada para camuflarlas. Es cierto que hay veces, las menos, en que algo complejo no puede explicarse con sencillez, pero muy a menudo sí que es posible hacerlo. La gente que es capaz de hacerlo así es sabia. Hay un aforismo que dice: “Dios nos libre de la estupidez de hacer simple lo complejo y nos dé la sabiduría para hacer sencillo lo complicado”. Aspiro, tal vez vanamente, pues no soy lo suficientemente sabio, a poder explicar con sencillez las dos verdades complejas que desenmascaran dos mentiras simples. ¡Que Dios me conceda la sabiduría para ello! Ahí voy.
 
Primera mentira simple: Para alcanzar el pleno empleo hay que empezar por blindar cada puesto de trabajo. Efectivamente –dicen los que esto defienden–, si partiésemos de una situación de pleno empleo y cada puesto de trabajo estuviese blindado, siempre nos mantendríamos en ese pleno empleo. Puede parecer lógico para una mente simple, pero es una burda falsedad. Si esto fuese así, ninguna empresa contrataría nunca a nadie –o sería harto difícil que lo hiciera. Sin embargo, es inevitable que haya empresas que vayan mal por innumerables causas. Si estas empresas no pudieran despedir a nadie, irían de mal en peor y, un día, cerrarían y todos los empleados estarían en el paro. Tal vez si en su momento pudiesen despedir a una parte de los trabajadores, podrían salvar el trabajo del resto. Pero, si los puestos de trabajo están blindados…

Ahora, si juntamos esas dos cosas, unas empresas no contratan porque les asusta y, poco a poco, otras empresas van cerrando, la situación de pleno empleo se deteriora y, al cabo de unos años, el paro alcanzaría cotas escandalosas, porque en un mercado global, las empresas de ese país dejarían de ser competitivas y la mayoría cerrarían. Claro, pueden decir los que defienden el blindaje de los puestos de trabajo, pero a esos a los que pierden el trabajo los podría contratar, subsidiariamente, el Estado. Quienes dicen esto suelen pensar en el Estado como un estamento con cantidades ilimitadas de dinero, que puede permitirse contratar a quien no tiene ningún trabajo útil que hacer y, si pierde dinero, no pasa nada, porque su riqueza es ilimitada. Más o menos, esto es lo que piensan los populistas de izquierdas. Es difícil encontrar una falsedad mayor y la experiencia así lo demuestra. Pero dejando aparte el hecho, comprobado hasta la saciedad, de que el Estado suele ser un pésimo administrador de empresas, la premisa del dinero ilimitado del Estado no puede ser más falsa. El Estado no tiene más dinero que el que obtiene de sus contribuyentes a través de los impuestos y si intenta recaudar demasiado, pronto se encontrará con el efecto contrario: recaudará cada vez menos porque al desincentivar el trabajo y la inversión, acabará recaudando un alto porcentaje de casi nada. Es decir, casi nada. Otra manera en la que el Estado puede conseguir dinero es endeudándose, pero esto acaba en la quiebra, como le ha pasado a Grecia.

Y, si no se llega a la bancarrota, será la siguiente generación la que soporte el peso de esa deuda, lo cual representa una grave injusticia generacional de padres empobreciendo a hijos. La tercera manera en la que el Estado puede conseguir dinero es creándolo de la nada, si tiene atribuciones para ello[6]. Pero esto genera una inflación galopante que paraliza y arruina completamente al país. En cambio, la verdad compleja es que cuando las empresas se sienten libres para contratar porque si las cosas no funcionan puede despedir a los empleados contratados, a los emprendedores se les ocurrirán continuamente nuevas ideas de cosas útiles que hacer y que resuelven problemas y necesidades de la gente. Invertirán, contratarán sin miedos, y lo harán en cantidades suficientes como para compensar laspérdidas de puestos de trabajo en aquellas empresas que habían perdido competitividad y habían tenido que recurrir a despedir a parte de sus empleados. Probablemente, aunque de ninguna inevitablemente, el sueldo mínimo bajaría, pero todo el mundo tendría trabajo. Incluso, si se partiese de una situación con un alto porcentaje de paro, ese proceso llevaría al pleno empleo. Y es muy probable que las nuevas empresas nacientes, generasen más puestos de trabajo de los destruidos, porque hay una premisa importante: La gente siempre tiene necesidades o problemas que, si se satisfacen o resuelven, pueden hacer mejor, en un sentido amplio, su vida. Y si alguien lo consiguiese mediante un servicio o producto, habría muchas personas que gustosamente estarían dispuestos a pagar por él un precio que hiciese rentable ese producto o servicio, aparecerían muchas nuevas empresas prósperas que crearían numerosos puestos de trabajo.

Y de esta forma, no sólo no bajarían los sueldos, sino que subirían y podría encontrar empleo toda una población creciente. Así ha sido desde el principio de la humanidad, muy especialmente desde la revolución industrial, y quien no lo vea se debería preguntar por qué no estamos todavía en la edad de las cavernas. ¿Será indefinido ese proceso? Lo ignoro, pero estoy convencido de que si tiene un límite, éste está todavía muy lejos. Sin pensar demasiado, se me ocurren decenas de productos o servicios que me encantaría que fuesen posibles y que con el avance tecnológico, lo serán. Y cuando se me agoten éstos, todavía quedan los que soy incapaz ni siquiera de imaginar. ¿Podría una persona del siglo XIX, que está a la vuelta de la esquina, ni siquiera imaginar en sus deseos más quiméricos, que con solo apretar un botón tendría en si casa una cosa que se llama electricidad y que, mediante un “sencillo” aparato podría calentar un litro de agua en 2 minutos? Jamás. Y si alguien dice que el que una persona del siglo XIX, por desear la electricidad y el microondas, si pudiese soñarlo, sería un consumista, creo que debería hacérselo ver.
 
Pero existe un freno a la formación de nuevas empresas que creen puestos de trabajo. En España –y la situación no es muy diferente en todo el mundo desarrollado– por cada 100€ que entran en el bolsillo de un trabajador, la Seguridad Social se lleva casi 35€ entre lo que le retiene al empleado y lo que le carga a la empresa. Es decir, un 35%. Pero no para aquí la cosa. Hagamos una sencilla suma. Para una renta anual de 30.000€, el tipo impositivo del IRPF es de un 28%. Además se paga un 21% de IVA. Es decir que 35% más 28% más 21% suman 84%. Y todavía faltan el impuesto de sociedades, sucesiones, transmisiones patrimoniales, etc., que aunque no sean sobre la renta de los ciudadanos si frenan el desarrollo. ¿Todavía nos extraña que la economía de los países desarrollados no tire del carro? ¿Estamos tan intoxicados como para ver con naturalidad esta aberración?

 Pero volvamos a la protección del empleo. Podría argumentarse que hay un punto intermedio en el que una cierta medida de protección al empleo mediante, por ejemplo, una “razonable” indemnización de despido, nos llevaría en una situación óptima. Pero la verdad es que no hay ni una sola razón que nos haga pensar que habría más empleo si se pasase del despido libre a una “razonable” indemnización de despido.
 
Segunda mentira simple: el salario mínimo interprofesional protege a los trabajadores de ser explotados por un sueldo miserable. Si mañana un gobierno dijese que el salario mínimo fuese de 3.000€ al mes, en vez de 655, ¿alguien duda que habría muchas empresas que dejarían de hacer determinados productos, al no ser competitivas, despidiendo a los trabajadores que los hacían? Creo que caben pocas dudas de que así sería. Toda reglamentación que pretenda obligar a las empresas a pagar un salario superior al que le permite ser competitiva haciendo algo, lo que hace es crear paro.

Pero hay algo todavía peor. Esas personas que van al paro, necesitan trabajar para mantenerse y, por lo tanto, aceptan cualquier contrato a cualquier precio. Y, precisamente por eso, aparecerá un mercado negro de trabajo sumergido en el que se contratará a personas por salarios mucho más bajos del que tendrían si no se hubiese puesto ese salario mínimo. Y ese mercado negro, no sólo lo será para el trabajo, sino que aparecerán productos producidos por empresas sumergidas que harán esos productos que ya no se pueden hacer con el salario mínimo obligatorio. Y esas empresas no pagarán impuestos, lo que pondrá en desventaja a las empresas legales que sí los pagan, amén de bajar la recaudación impositiva. Otra vez, como en la mentira anterior, se puede pensar que si en vez de los 3.000€ que he puesto como hipótesis se pusiese un “razonable” salario mínimo, éste no crearía paro. Pero el único salario mínimo “razonable” que no crea paro es aquél que es más bajo que el más bajo salario real y, en ese caso, ese salario mínimo no es “razonable” sino perfectamente inútil. La segunda verdad compleja es que el salario mínimo, o es inútil, o crea paro, trabajos miserables y economía sumergida.
 
Por tanto, creo poder afirmar que el mercado libre de trabajo, con despido libre, sin restricciones de salario mínimo es una aportación al bien común. En efecto, tanto la mentira simple de la protección como la del salario mínimo, dividen a los empleados en dos tipos, los privilegiados que tienen trabajo y los parados que tienen sólo remotas esperanzas de encontrarlo o sólo pueden encontrar uno en condiciones infrahumanas. Si esta división es bien común, que baje Dios y lo vea. Más bien me parece que es el pleno empleo el que se puede calificar como bien común, según lo define el documento Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II: “El bien común es el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”. Y, tener un trabajo digno es una condición necesaria, aunque no suficiente, para alcanzar un cierto grado de perfección, mientras que el paro crónico que imposibilita a una persona obtener un trabajo es un paso hacia la destrucción de la persona.
 
Estas verdades complejas suenan a duras a los oídos acostumbrados a las mentiras simples. Por eso ante ellas hay tres tipos de personas. Primero, las que las aceptan e intentan que la sociedad las aplique. Segundo las que, llevadas por una repetición reiterada y machacona de las mentiras simples, se escandalizan y no pueden aceptarlas porque les parecen éticamente inaceptables. A éstas, normalmente cargadas de buena voluntad, el escándalo que les producen las verdades complejas les impiden seguir el razonamiento y aceptar sus conclusiones. Es más fácil y más socialmente aceptado aferrarse a las mentiras simples.

Es importante intentar convencer a estas personas. Desgraciadamente, entre estas personas se encuentran muchos católicos y, más desgraciadamente todavía, muchos sacerdotes y miembros de la alta jerarquía eclesiástica. Pero nos ha sido dicho que la verdad os hará libres. En cambio, rechazar estas verdades puede hacer que uno se sienta bien. Pero esas mentiras simples son, como se ha visto antes, un atentado contra el bien común. ¿Qué es mejor para el bien común, que el salario sea –tal vez, sólo tal vez– algo más bajo y que nadie tenga el trabajo asegurado, pero que trabaje casi todo el mundo casi toda su vida[7] o que algún “ente” “garantice” el trabajo a todo el mundo con un salario ilusoriamente alto y el mundo se divida entre los privilegiados que tienen un trabajo “garantizado” y con un sueldo artificialmente alto y los marginados que es prácticamente imposible que encuentren trabajo nunca o se tengan que colocar en trabajos negros? Para alguien que ame la justicia distributiva no cabe duda, la primera. Pero a los sindicatos ideológicos parece que les gusta más la segunda. El tercer grupo de personas que se aferran a las mentiras simples son las que, siendo conscientes o no de que esas verdades complejas son verdades, no las quieren aceptar por cuestiones ideológicas. En este grupo están los populistas de izquierdas. Creo que a estas personas no merece la pena intentar convencerlas porque no hay más sordo que el que no quiere oír ni más tonto que quien no quiere razonar. Pero, tú, ¿en qué grupo estás? Yo, sin duda, en el primero. Y si eres una persona de buena voluntad, me gustaría convencerte de que estuvieras conmigo.
 
Al acabar con estas dos mentiras simples, se me han venido a la cabeza otras dos, pensando en Donald Trump, populista de derechas que, si Dios no lo impide, podría acabar siendo Presidente de los EEUU. La mentira simple de Trump, y otros populistas de derechas de países ricos, sería cómica si no pudiese llegar a ser trágica. Dice Trump que si llega a Presidente, prohibirá la deslocalización de empresas fuera de los EEUU. Su mentira simple afirma que así, si determinados productos de empresas americanas, en vez de fabricarse en países con mano de obra más barata –digamos que en México, únicamente por poner un ejemplo– se hiciesen en EEUU, se acabaría el paro en su país. Pocas cosas son tan simples y tan falsas. Porque tan pronto como un producto que antes se fabricaba en México, con un coste de mano de obra al nivel de México, se hiciese en EEUU a un coste de mano de obra de EEUU –porque un trabajador en paro de EEUU, acostumbrado a las mentiras simples, se sentiría explotado si se le pagase un sueldo del nivel de México– esos productos dejarían de ser competitivos, no podrían competir con otros fabricados en otros países –como Indonesia, por ejemplo– por empresas de otros países –como Alemania, por ejemplo– y las fábricas de EEUU acabarían también por cerrar. Eso sí, en el ínterin, México se empobrecería. Y esto daría lugar a graves desajustes mundiales que no traerían nada bueno. Aunque no voy a afirmar que algo parecido a esto fuese la causa de la II Guerra Mundial, sí que afirmo que fue un factor coadyuvante de la misma, precisamente por el proteccionismo del New Deal de F. D. Roosevelt. Para evitar el desempleo en los países desarrollados por la deslocalización de empresas, éstos deberían crear nuevas empresas que cubriesen ese gap con productos nuevos que resolviesen nuevas necesidades o problemas de la gente. Pero con una situación impositiva como la descrita más arriba esto es muy difícil que ocurra. Y si no ocurre, entonces no hay manera humana de cubrir con nuevos productos la pérdida de producción deslocalizada y, a largo plazo, el sistema se colapsa. A lo mejor en vez de populismos ridículos basados en mentiras simples, habría que pensar en corregir esto con alguna verdad compleja, ¿no? Pero con la mente de los ciudadanos de los países desarrollados intoxicada de mentiras simples, ¿quién le pone el cascabel al gato?
 
Hay gente que piensa que el hecho de que se hagan determinados productos en México o Indonesia pagando a la mano de obra menos de lo que se le pagaría en EEUU, es una forma de explotación de los tailandeses e indonesios[8]. Pero, si echamos la vista atrás, veremos que España, Irlanda, Corea del Sur, Taiwan y otros muchos países han salido de la pobreza en los últimos sesenta o setenta años, acercándose a los países más ricos –o incluso superando a muchos– gracias a haber sido en su día Méxicos o Indonesias. Pensar lo anterior sería otra mentira simple y aplicarla sería condenar a México e Indonesia a la pobreza. ¿Se podría llamar a esto bien común? Me temo que no. Dios nos libre de los populistas de derechas como Trump y de los hombres de buena voluntad que quieren salvar de la explotación a México o Indonesia dejándose llevar por mentiras simples.

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