El Señor baja a recibir el bautismo.
- 11 Enero 2015
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El Papa, durante la jornada por Haiti
Francisco preside un acto en memoria del quinto aniversario del terremoto
El Papa clama por la "reconstrucción de las personas" para levantar de nuevo Haití
"Sería una contradicción vivir la caridad separados", apunta Bergoglio
Lo que se ha hecho y lo que queda por hacer se basa en tres pilares fundamentales, a saber: la persona humana, la comunión eclesial y la Iglesia local
(RD/RV). El papa Francisco defendió hoy que no puede haber una verdadera reconstrucción en Haití si no se restaura a "cada una de las personas en su totalidad", al cumplirse el quinto aniversario del terremoto que asoló el país.
Francisco afirmó el sábado que queda"mucho trabajo por hacer" para reconstruir Haití, aunque se han hecho progresos desde que un violento sismo golpeó el país hace cinco años.
"Mucho se ha hecho en este período para reconstruir el país. Pero no debemos eludir el hecho de que aún hay mucho trabajo por hacer" dijo al recibir en audiencia a los participantes en una reunión organizada por el Vatic
ano para la reconstrucción de este país.La reunión tiene como tema "La comunión de la Iglesia: memoria y esperanza para Haití cinco años después del terremoto".
"No hay verdadera reconstrucción sin reconstrucción de la persona en su plenitud. Ello supone que cada persona en Haití tenga lo necesario desde el punto de vista material, pero también que al mismo tiempo pueda vivir su libertad, sus responsabilidades y su vida religiosa y espiritual", dijo el papa argentino.
A cinco años del catastrófico terremoto en Haití, el Papa Francisco agradeció a los miembros del Consejo Pontificio Cor Unum y a la Pontificia Comisión para América Latina, con la colaboración de los obispos locales, por haber organizado este encuentro. En efecto el Santo Padre manifestó su reconocimiento a los Obispos haitianos, así como a todas las instituciones que representan, con unpensamiento especial a todos los fieles que de tantas maneras se dedicaron a las tareas de socorro después de esta tragedia, que ha dejado detrás de sí muerte, destrucción y desesperación.
El Obispo de Roma puso de manifiesto que con la ayuda proporcionada a los hermanos y hermanas de Haití han manifestado que la Iglesia es un gran cuerpo, donde los diversos miembros se hacen cargo recíprocamente de sus dificultades gracias a la comunión que anima el Espíritu Santo, y donde el servicio de la caridad encuentra su razón profunda. Si bien mucho se ha realizado por este país en este período de reconstrucción, el Pontífice recordó que aún hay tanto trabajo que realizar. Siempre con la ayuda de Dios - dijo - lo que se ha hecho y lo que queda por hacer se basa en tres pilares fundamentales, a saber: la persona humana, la comunión eclesial y la Iglesia local. De este primer pilar el Santo Padre afirmó que la primera preocupación debe ser la de ayudar al hombre, a todo hombre, a vivir plenamente como persona; lo que comporta hacer que cada persona en Haití cuente con lo necesario desde el punto de vista material y, al mismo tiempo, que pueda vivir su propia libertad, sus responsabilidades y la vida espiritual y religiosa. En Haití - dijo el Papa - se ha verificado una buena cooperación de muchas instituciones eclesiales y de muchos fieles. De ahí que Francisco afirmara que esta pluralidad de sujetos y de acercamiento a la obra de asistencia y desarrollo, es un factor positivo, porque es signo de la vitalidad de la Iglesia y de la generosidad de tantas personas. Y añadió que sería una contradicción vivir la caridad separados. De ahí la invitación del Santo Padre a reforzar todas las metodologías que permitan trabajar juntos.
Al destacar este tercer aspecto el Papa Bergoglio afirmó que es necesario que la Iglesia en Haití sea cada vez más viva y fecunda, para testimoniar a Cristo y para dar su contribución al progreso de este país. Por esta razón animó a los Obispos locales, a los sacerdotes y a todos los agentes pastorales a que con su celo y comunión fraterna susciten en los fieles un renovado empeño en la formación cristiana y en la evangelización gozosa y fructuosa. "El testimonio de la caridad evangélica es eficaz cuando está sostenido por la relación personal con Jesús en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios y en la participación en los Sacramentos. Aquí está la fuerza de la Iglesia local". Al renovar a cada uno de los participantes en este encuentro su agradecimiento cordial, el Papa los exhortó a proseguir en el camino que han iniciado, asegurándoles su constante oración y bendición. "Que María, nuestra Madre, los guíe y proteja" - dijo Francisco al concluir - pidiéndoles, como suele hacer, que recen por él.
Francisco visitará Sri Lanka y Filipinas
Bergoglio inicia el lunes una visita a Sri Lanka y Filipinas
El segundo viaje del Papa a Asia abordará la pobreza, el medio ambiente y el diálogo interreligioso
Antonio Spadaro: "Este continente representa en muchas maneras una frontera para la Iglesia"
Habrá soldados subiendo y bajando de helicópteros para rescatar al papa en caso de que fuera acorralado por el mar de gente. Podríamos transportarlo por aire o usar buques navales para llevar al papa a un lugar seguro si fuera necesario
El Papa Francisco volverá a Asia por segunda vez en menos de seis meses, con una visita aSri Lanka y Filipinas en los próximos días para enfatizar su preocupación por el diálogo interreligioso, la pobreza y el medio ambiente. La seguridad será un tema importante en ambos países, en particular en Filipinas, la única nación de Asia con una mayoría católica, donde se espera que hasta 6 millones de personas asistan a una misa al aire libre el 18 de enero.
Hasta 40.000 policías, tropas y reservistas formarán parte en lo que el jefe militar, el general Gregorio Catapang, ha calificado como la mayor operación de seguridad del país.
"Habrá soldados subiendo y bajando de helicópteros para rescatar al papa en caso de que fuera acorralado por el mar de gente. Podríamos transportarlo por aire o usar buques navales para llevar al papa a un lugar seguro si fuera necesario", dijo. Cuando el papa Juan Pablo visitó Manila en 1995, se violaron los perímetros de seguridad y tuvo que ser llevado por helicóptero al lugar de una misa debido a que su coche no pudo atravesar un mar de unas 5 millones de personas.
Un tema a abordar durante el viaje que se efectuará del 12 al 19 de enero será el cambio climático. Durante su estancia en Filipinas, Francisco visitará Tacloban, donde el tifón Haiyan causó la muerte de 6.300 personas en 2013.
Sri Lanka está entre los países asiáticos que según expertos registrará un aumento en el nivel del mar que desplazaría a personas y afectaría negativamente el turismo y la pesca.
El Vaticano sostiene que Francisco, que está preparando una encíclica sobre el medio ambiente, se referirá al tema varias veces. Aunque Juan Pablo II hizo varios viajes a Asia, visitando ambos países en 1995, el predecesor inmediato de Francisco, Benedicto XVI, que se retiró en 2013, no hizo ninguna visita a una región que el Vaticano considera como una potencial área de crecimiento. "Tenemos que recuperar la presencia de un papa en esta preponderante área de la humanidad", dijo el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi. Sólo un 3 por ciento de la población en la región es católica. "Este continente representa en muchas maneras una frontera para la Iglesia", dijo el padre Antonio Spadaro, editor de la revista jesuita italiana Civilta Cattolica. "El diálogo interreligioso es puesto a prueba todos los días y las Iglesias jóvenes ahí están creciendo", agregó.
Escuchar lo que dice el Espíritu
Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús es insuficiente un bautismo de agua o un rito parecido. Es necesario vivir empapados de su Espíritu Santo. Por eso en los evangelios se recogen de diversas maneras estas palabras del Bautista: «Yo os he bautizado con agua, pero él (Jesús) os bautizará con Espíritu Santo».
No es extraño que en los momentos de crisis recordaran de manera especial la necesidad de vivir guiados, sostenidos y fortalecidos por su Espíritu. El Apocalipsis, escrito en los momentos críticos que vive la Iglesia bajo el emperador Domiciano, repite una y otra vez a los cristianos: «El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias». La mutación cultural sin precedentes que estamos viviendo, nos está pidiendo hoy a los cristianos una fidelidad sin precedentes al Espíritu de Jesús. Antes de pensar en estrategias y recetas pastorales ante la crisis, hemos de preguntarnos cómo estamos acogiendo nosotros el Espíritu de Jesús. En vez de lamentarnos una y otra vez de la secularización creciente, hemos de preguntarnos qué caminos nuevos anda buscando hoy Dios para encontrarse con los hombres y mujeres de nuestro tiempo; cómo hemos de renovar nuestra manera de pensar, de decir y de vivir la fe para que su Palabra pueda llegar hasta los interrogantes, las dudas y los miedos que brotan en su corazón.
Antes de elaborar proyectos pensados hasta sus últimos detalles, necesitamos transformar nuestra mirada, nuestra actitud y nuestra relación con el mundo de hoy. Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Solo Jesús puede darle a la Iglesia un rostro nuevo. El Espíritu de Jesús sigue vivo y operante también hoy en el corazón de las personas, aunque nosotros ni nos preguntemos cómo se relaciona con quienes se han alejado definitivamente de la Iglesia. Ha llegado el momento de aprender a ser la «Iglesia de Jesús» para todos, y esto solo él nos lo puede enseñar. No hemos de hablar solo en términos de crisis. Se están creando unas condiciones en las que lo esencial del evangelio puede resonar de manera nueva. Una Iglesia más frágil, débil y humilde puede hacer que el Espíritu de Jesús sea entendido y acogido con más verdad. José Antonio Pagola. Marcos 1,7-11). 6 de enero 2015
(Is 42, 1-4. 6-7; Sal 28; Act 10, 34-38; Mc 1, 6b-11)
CRISTO, BAUTIZADO EN EL JORDÁN
La Palabra de Señor de este domingo nos lleva a fijarnos en textos que presentan a Jesús como el Ungido por el Espíritu, en cumplimiento de las profecías: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero”. “Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones” (Is 42, 1). Los acontecimientos que tuvieron lugar en el Jordán, en el tiempo en que Juan Bautista predicaba, señalan el inicio de la misión pública de Jesús, presentado por el Precursor como el Ungido de Dios. “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. (Act 10, 38). El texto evangélico nos sitúa en el momento de la teofanía que muestra la identidad de Jesús, el Hijo Amado de Dios. “Llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar bacía él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: -Tú eres mi Hijo amado, mi preferido” (Mc 1, 11).
A la luz de la fiesta del Bautismo del Señor, podemos reavivar en nosotros la conciencia de lo que somos ante Dios, por haber sido bautizados, y renovar las promesas bautismales y la profesión de fe: “Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios”.
BAUTIZADOS EN CRISTO
Es día de sabernos ungidos por el Espíritu de Jesús, de reavivar la conciencia de lo que somos para Dios: hijos suyos, por adopción, pero hijos amados en el Hijo Amado. No es pretencioso que dejemos que Dios nos diga interiormente: “Tú eres amado”, “Tú eres mi hijo”, y sentir el abrazo del amor de Dios, la efusión del Espíritu Santo.
San Pablo llega a escribir: “No hemos recibido el Espíritu para recaer en el temor, sino para poder decir a Dios: Abbá”. Gracias al sacramento bautismal hemos sido introducidos en la familia de los hijos de Dios, y con esta conciencia se nos regala la serena confianza de que nunca estamos solos.
Como sucedió en el Jordán, cada uno tiene en el fondo de su corazón el susurro del Espíritu que le recuerda nuestra identidad más asombrosa: somos hijos amados de Dios.
No desacredites tu identidad, no malverses el regalo precioso que por pura gracia has recibido en el bautismo. Invoca a Dios con las mismas palabras con que lo hacía Jesús: “Abbá”, “Papá”, y deja que tu corazón se inunde de luz y de confianza, sabiéndote sumergido en el conocimiento divino.
Evangelio según San Marcos 1,7-11.
Juan predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección."
Homilía atribuida a San Hipólito de Roma (¿ –c.235), presbítero, mártir
Homilia del siglo IV para la fiesta de la Epifanía, sobre la «santa Teofanía»; PG 10, 852
El Señor baja a recibir el bautismo.
He aquí que viene el Señor para ser bautizado. Llega de incógnita, desnudo, sin escolta, revestido de nuestra humanidad, velando si divina grandeza para engañar a la serpiente. Es poco decir que sale al encuentro de Juan como un señor que despide su séquito personal. Se le acerca como un hombre cualquiera, pecador, inclinando la cabeza para ser bautizado de mano de Juan. Éste, asombrado por esta humildad, intenta impedirlo, diciendo: “Soy yo que tengo que ser bautizado por ti y ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14)
Mira, hermano mío, ¡de cuántos bienes tan grandes hubiéramos sido privados, si el Señor, cediendo a la petición de Juan, hubiera renunciado al bautismo! Porque, hasta aquel momento nos estaban cerrados los cielos e inaccesible el mundo de arriba... El Maestro ¿sólo recibió el bautismo? Renovó al hombre viejo (cf Rm 6,6), le concedió la dignidad de hijo adoptivo.
Porque, al instante se abrieron los cielos. El mundo visible y el mundo invisible se reconciliaron. El ejército del cielo fue transportado de alegría; los enfermos de la tierra fueron curados. Los misterios secretos fueron revelados. La hostilidad cedió el lugar a la amistad... Cristo Esposo fue bautizado. Hacía falta que se abrieran las puertas espléndidas de la morada celestial (cf Sal. 23,7). El Espíritu Santo había descendido como una paloma y la voz del Padre había resonado:.... “Este es mi Hijo bien amado”...
Por esto, os ruego: Venid, todas las tribus de las naciones, venid a la inmortalidad del bautismo. Os anuncio hoy la vida, a vosotros que estáis postrados en las tinieblas de la ignorancia. Venid a la libertad, vosotros que todavía sois esclavos. Venid al reino, vosotros que sufrís la tiranía... ¿Cómo venir? me decís. ¿Cómo? Por el agua del Espíritu Santo (Cf. Jn 3,5). Esta agua, mezclada con el Espíritu, sacia el paraíso, alegra la tierra, fecunda el mundo, regenera y vivifica al hombre, el agua en la cual Cristo fue bautizado y sobre el que Espíritu descendió.
11 de enero 2015 Domingo El Bautismo del Señor Is 55, 1-11
La fiesta de hoy, representa la clausura de las fiestas navideñas y, a la vez, anuncia el comienzo del tiempo ordinario o corriente. Es en este tiempo ordinario que la Palabra de Dios manifestada sobre todo por Jesús, y debidamente acogida por nosotros, dará su fruto. Esto es lo que explican las poéticas palabras de Isaías cuando dice: «Así como la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven, sino que empapan la tierra, de fecundarla y hacerla germinar ... así será la palabra que sale de mi boca ». ¿Qué me propongo hacer que la Palabra arraigue dentro de mí? Señor, quiero ser como la mejor tierra que se deja fecundar por el grano de tu Palabra.
San Teodosio
Nació en Capadocia, Bizancio ( Imperio Romano de Oriente) (hoy Turquía) en el año 423, y desde pequeño, por inculcación paterna, leía con mucho fervor las Sagradas Escrituras. Siguiendo el ejemplo de Abraham, el santo decidió dejar sus riquezas y su familia, para peregrinar a Jerusalén, Belén y Nazaret, y luego convertirse en religioso.
San Teodosio se fue a vivir no muy lejos de Belén, y tuvo como guía espiritual al abad Longinos. Tras ser ordenado como sacerdote, recibió la orden de encargarse del culto de un templo ubicado entre Jerusalén y Belén. El santo desplegó su labor con mucha sabiduría y humildad, y fue testimonio de una vida santa y llena de oración, lo cual motivó que otros jóvenes también desearan convertirse en religiosos, y más adelante, la fundación de tres conventos en las cercanías de Belén.
El santo también construyó, cerca de Belén, tres hospitales para la atención de ancianos, enfermos necesitados y discapacitados. Los monasterios dirigidos por San Teodosio eran como una ciudad de santos en el desierto, pues todo se hacía a su tiempo, con exactitud, oración, trabajo y descanso.
San Teodosio enfermó penosamente, y falleció a los 105 años en el año 529. El Arzobispo de Jerusalén y muchos ciudadanos de Tierra Santa asistieron a su entierro y durante sus funerales se obraron varios milagros.
Oremos
Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de San Teodosio seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Jesús es bautizado en el Jordán
Marcos 1, 7-11. Bautismo de Jesús. La voz que resuena de lo alto atestigua que Jesús es obediente en todo al Padre por amor.
Oración introductoria
Jesús, qué alegría y qué don tener este tiempo de oración para poder estar contigo a solas. Quiero descubrirte y conocerte de modo más profundo. Quiero esperar en Ti más firmemente. Quiero amarte más. Sólo Tú puedes darme estos dones.
Petición
Jesús, dame la gracia para que puedas permanecer siempre en mí.
Meditación del Papa Francisco
Cuando Jesús recibió el bautismo de Juan en el río Jordán, “se abrieron los cielos”. Esto realiza las profecías. En efecto, hay una invocación que la liturgia nos hace repetir en el tiempo de Adviento: “Ojalá rasgases el cielo y descendieses!”.
Si el cielo permanece cerrado, nuestro horizonte en esta vida terrena es sombrío, sin esperanza. En cambio, celebrando la Navidad, la fe una vez más nos ha dado la certeza de que el cielo se rasgó con la venida de Jesús. Y en el día del bautismo de Cristo contemplamos aún el cielo abierto. La manifestación del Hijo de Dios en la tierra marca el inicio del gran tiempo de la misericordia, después de que el pecado había cerrado el cielo, elevando como una barrera entre el ser humano y su Creador. Con el nacimiento de Jesús, el cielo se abre. Dios nos da en Cristo la garantía de un amor indestructible. Desde que el Verbo se hizo carne es, por lo tanto, posible ver el cielo abierto. Fue posible para los pastores de Belén, para los Magos de Oriente, para el Bautista, para los Apóstoles de Jesús, para san Esteban, el primer mártir, que exclamó: “Veo los cielos abiertos”. Y es posible también para cada uno de nosotros, si nos dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado por primera vez en el Bautismo. ¡Dejémonos invadir por el amor de Dios! ¡Éste es el gran tiempo de la misericordia! No lo olvidéis: ¡éste es el gran tiempo de la misericordia! (S.S. Francisco, 12 de enero de 2014, homilía).
Reflexión
A veces, la voluntad de Dios se carga de una niebla de misterio. Nadie esperaba que Cristo, el Hijo de Dios, se acercara al pobre profeta Juan, para ser bautizado. Incluso el mismo Bautista intentó impedírselo. Pero cuando el Maestro pide, hay que saber bajar la cabeza... Los slogans de nuestro mundo querido, proclamando la era de la libertad a toda costa, no han hecho sino esclavizar al hombre a sus propios caprichos y tendencias desordenadas. Nunca el hombre ha estado tan atado por las cadenas de su soberbia, de su ira, y avaricia... El Maestro por el contrario, proclama la libertad del espíritu humillándose ante el profeta, a quien dice: "conviene que sea así". Sólo tras este acto de sencillez, se revela la divinidad de Cristo culminada con las palabras del Padre: "Éste es mi Hijo amado..." ¿Por qué Cristo es el amado del Padre? Precisamente porque se ha ofrecido para la salvación de los hombres, reparando el pecado de Adán. Nunca comprenderemos que todo un Dios se degrade hasta hacerse creatura, hombre. Pero la enseñanza no ha dejado de ser la misma: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón". Cristo no presume de ser Dios, y tenerlo todo. Presume de ser manso y humilde. Y de hecho, la imagen de su muerte elegida por los profetas, será la de un manso cordero llevado al matadero... El hombre manso es justo, amigable y optimista. El hombre humilde es pacífico y paciente. Vive confiando en la Providencia del Padre. No se engríe en los éxitos, ni se desespera en los fracasos. Porque sabe que Dios vela a su lado, y que nunca, nunca le va a dejar solo.
Propósito. Darme el tiempo para hacer una visita al Santísimo para agradecer a Cristo su amor.
Diálogo con Cristo. Qué hermoso saber que tengo un Padre que me ama y está cerca de mí, que se interesa por mi bien, y que me ha dado en Jesucristo el modelo de vida al que debo aspirar. Además, con la gracia de su Espíritu Santo, puedo tener la sabiduría y la fortaleza para responder con prontitud a su llamado. ¿Qué más puedo pedir? ¿Hay acaso un regalo mayor? Por eso quiero vivir con este lema: Hacer siempre lo que Dios quiera y para ello me propongo ser fiel a mis compromisos de vida espiritual.
El Papa bautizó a 33 niños en la Sixtina
Francisco bautiza a 33 niños en la Capilla Sixtina, convertida en una inmensa guardería
“Pedimos por las madres, que son tantas, que no pueden dar de comer a sus hijos”
“Enseñad a vuestros hijos que no se puede ser cristianos fuera de la Iglesia”
Si queréis que vuestros hijos sean verdaderos cristianos, hacedles crecer inmersos en el calor, en el amor de Dios, en la luz de su Palabra
(Jesús Bastante).- La capilla Sixtina se convirtió esta mañana en una pequeña guardería. Llantos, risas, gritos, y mucha emoción durante la misa bautismal, en la que Francisco bautizó a 33 niños, hijos de personal de la Santa Sede. "Queridos niños, con gran alegría la Iglesia os acoge", comenzó el Papa ante los frescos de Miguel Ángel. El mismo lugar donde hace ya casi dos años, los cardenales congregados en Cónclave lo eligieron como sucesor de Benedicto XVI como Pontífice.
En una breve homilía, en la que volvió a recordar a las madres que los protagonistas de esta celebración son los niños. "Vosotras, madres, dais a vuestros hijos la leche. ¡También ahora, si lloran, debéis darles de mamar!". "Damos gracias a Dios por el don del bautismo, y pedimos por las madres, que son tantas, que no tienen posibilidad de dar de comer a sus hijos", indicó el Papa, que añadió que "tratamos de ayudar a esas madres".
En la primera lectura, comenzó Francisco, hemos escuchado que el Señor se preocupa de sus hijos como un Padre. "Dios, como un verdadero 'papá', como una verdadera madre, quiere cosas buenas para sus hijos", señaló. "¿Cuál es el alimento que nos da? Su Palabra, que nos hace crecer, tener buenos frutos en la vida, como la lluvia, que hace bien a la tierra".
"Así vosotros, padres, y padrinos y madrinas, abuelos, tíos... a la vez que crezcan estos niños muy bien si le dais la palabra de Dios", incidió Francisco. ¿Cómo? "Con el ejemplo, todos los días", señaló, animando a "tener la costumbre de leer un mensaje del Evangelio, llevar un pequeño evangelio en vuestros bolsillos. Y éste será el ejemplo que daréis".
"Tratamos de ayudar a estar madres porque la Palabra de Dios alimenta el espíritu, aumenta la fe", proclamó Bergoglio, quien recordó que con el bautismo "es vuestra fe, la fe de la Iglesia, en la que crecéis a estos niños y los hacéis entrar en la Iglesia. Con el paso del tiempo ellos darán su personal 'Sí' a Jesucristo".
"El bautismo nos introduce en el cuerpo de Cristo, en este Pueblo en camino... la fe se transmite de generación en generación", recordó el Papa. "Es la fe de la Iglesia, de María, de San José, de San Pedro, de los apóstoles y los mártires, que llega a nosotros. El Bautismo es una cadena de transmisión de fe. Es pasarse de mano en mano la llama de la fe".
"Enseñad a vuestros hijos que no se puede ser cristianos fuera de la Iglesia. No se puede seguir a Jesucristo sin la Iglesia, porque la Iglesia es madre y nos hace crecer en el amor a Cristo", subrayó el Papa, quien recordó también que "cristianos significa consagrados como Jesús, en su mismo espíritu. Dios es el Cristo, el Ungido. Los bautizados somos cristianos, es decir, consagrados. Entonces, si queréis que vuestros hijos sean verdaderos cristianos, hacedles crecer inmersos en el calor, en el amor de Dios, en la luz de su Palabra".
Francisco concluyó pidiendo a los fieles rezar a menudo al Espíritu Santo. "A veces preguntamos, ¿usted reza? Sí ¿A quién? A Dios, así.... Dios es una persona, y existe como Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¿A quién rezas? Generalmente rezamos a Jesús, cuando rezamos el padre Nuestro, al Padre, y al espíritu no le rezamos tanto. Pero es muy importante... No olvidéis invocar a menudo al Espíritu Santo. Todos los días. Por vuestros niños y por vosotros mismos".
Texto completo de la homilía del Papa
Hemos escuchado en la primera lectura que el Señor se preocupa de sus hijos como un padre: se preocupa de dar a sus hijos un alimento sustancioso. Mediante el profeta Dios dice: «¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no sacia?» (Is 55,2). Dios, como un buen papá y una buena mamá, quiere dar cosas buenas a sus hijos. Y ¿qué cosa es este alimento sustancioso que Dios nos da? Es su Palabra: su Palabra nos hace crecer, nos hace producir buenos frutos en la vida, como la lluvia y la nieve hacen bien a la tierra y la hacen fecunda (cfr. Is 55,10-11). Así ustedes padres, y también ustedes, padrinos y madrinas, abuelos, tíos, ayudaran a estos niños a crecer bien si darán a ellos la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús. ¡Y también lo harán con el ejemplo! Todos los días, tendrán la costumbre de leer un pasaje del Evangelio, pequeñito, y será el ejemplo para los hijos, ver a papá, a mamá, a los padrinos, abuelos, abuelas, tíos, leer la palabra de Dios.
Ustedes mamás den a sus hijos la leche - incluso ahora, si lloran por hambre amamántenlos, ¿eh? Tranquilas. Agradezcamos al Señor por el don de la leche, y oremos por estas mamás - son muchas, lamentablemente - que no están en condiciones de dar de comer a sus hijos. Oremos y tratemos de ayudar a estas mamás. Entonces, lo que hace la leche por el cuerpo, la Palabra de Dios lo hace por el espíritu: la Palabra de Dios hace crecer la fe. Y gracias a la fe nosotros somos generados de Dios. Es esto lo que sucede en el Bautismo. Hemos escuchado al apóstol Juan: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios» (1 Jn 5,1). En esta fe sus niños son bautizados. Hoy es su fe, queridos padres, padrinos y madrinas. Es la fe de la Iglesia, en la cual estos pequeños reciben el bautismo. Pero mañana, con la gracia de Dios, será su propia fe, su personal "sí" a Jesucristo, que nos dona el amor del Padre. Decía: es la fe de la Iglesia. Esto es muy importante. El Bautismo nos incorpora en el cuerpo de la Iglesia, en el pueblo santo de Dios. Y en este cuerpo, en este pueblo en camino, la fe viene transmitida de generación en generación: es la fe de la Iglesia. Es la fe de María, nuestra Madre, la fe de san José, de san Pedro, de san Andrés, de san Juan, la fe de los Apóstoles y de los Mártires, que ha llegado hasta nosotros, a través del bautismo. ¡Una cadena de transmisión de fe! ¡Y esto es muy bello! Es pasar de mano en mano la luz de la fe: lo expresaremos dentro de poco con el gesto de encender las velas del gran cirio pascual. El gran cirio representa Cristo resucitado, vivo en medio a nosotros. Ustedes, familias, tomen de Él la luz de la fe para transmitirla a sus hijos. Esta luz la toman en la Iglesia, en el cuerpo de Cristo, en el pueblo de Dios que camina en todo tiempo y en todo lugar. Enseñen a sus hijos que no se puede ser cristianos fuera de la Iglesia, no se puede seguir a Jesucristo sin la Iglesia, porque la Iglesia es madre y nos hace crecer en el amor a Jesucristo. Un último aspecto emerge con fuerza de las Lecturas bíblicas de hoy: en el Bautismo somos consagrados por el Espíritu Santo. La palabra "cristiano" significa esto, significa consagrado como Jesús, en el Espíritu con el cual ha sido consagrado Jesús en toda su existencia terrena. Él es el "Cristo", ungido, consagrado, los bautizados somos "cristianos", es decir, consagrados, ungidos. Entonces, queridos padres, queridos padrinos y madrinas, si quieren que sus hijos se hagan verdaderos cristianos, ayúdenlos a crecer "consagrados" en el Espíritu Santo, es decir, en el calor del amor de Dios, en la luz de su Palabra. Por esto, no se olviden de invocar siempre al Espíritu Santo, todos los días. "¿Ella reza señora? ¡Sí! ¿A quién le reza? Yo le rezo a Dios". Pero Dios así no existe: Dios es la persona y en cuanto persona existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. "¿Tú, a quién le rezas? Al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo". Habitualmente nosotros rezamos el "Padre Nuestro", rezamos al Padre. Pero al Espíritu Santo no le rezamos tanto...¡Es tan importante rezarle al Espíritu Santo! Porque nos enseña a llevar adelante la familia, los niños, para que estos niños crezcan en esta atmósfera de la Trinidad Santa. Es precisamente el Espíritu que los lleva adelante. Por esto, no se olviden de invocar con frecuencia al Espíritu Santo, todos los días. Pueden hacerlo, por ejemplo, con esta sencilla oración: "Ven, Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor". Pueden rezar esta oración por sus hijos, ¡además que por ustedes mismos! Cuando recen esta oración, sientan la presencia materna de la Virgen María. Ella nos enseña a rezar al Espíritu Santo, y a vivir según el Espíritu, como Jesús. La Virgen, nuestra madre, acompañe siempre el camino de sus hijos y de sus familias. Así sea.